🍷🥩 Buenas, gente del Quincho.
Ya estamos en esa gloriosa sobremesa donde el mantel aguanta migas, el hielo ya perdió la batalla y el país sigue empeñado en superarse en la disciplina olímpica del papelón. Pasen, sírvanse algo fuerte, que el menú de esta semana vino con bastante carne… aunque no precisamente barata.
La semana dejó de todo: senadores en modo salida de emergencia, oficinas judiciales convertidas en spa, universidades que quieren bajar la vara porque la realidad ya viene bastante baja sola, y una APA que parece más una caja de sorpresas que una entidad de gestión. Paraguay, ese reality que no necesita guionistas porque ya tiene presupuesto público.
Y por si faltara condimento, también apareció Marset metiendo presión desde lejos, A Ultranza moviendo fichas sobre bienes, y el Senado discutiendo la carne como si el problema fuera filosófico y no que a este paso la costilla ya merece custodia policial. Vamos nomás, que hay mucho hueso para roer.
Lluvia de denuncias: ¿David Portillo habría convertido APA en su caja familiar?
Lo de APA ya parece menos una asociación de autores y más una pyme familiar con caja abierta, retiros en efectivo y espíritu navideño sobrefacturado. Las denuncias contra David Portillo no vienen de un vecino resentido ni de un guitarrista sin escenario: vienen de socios, del síndico, de observaciones de DINAPI y de voces de la industria que ya están hartas de ver cómo una entidad que debería proteger a los creadores terminó oliendo a negocio particular con moño institucional.
El combo es generoso: empresas sin historial cobrando fortunas, regalos que costarían como si cada pan dulce hubiera sido bendecido por un diamante, parientes acomodados con sueldos de otro planeta y una clínica estética del entorno familiar que, según los cuestionamientos, creció más rápido que la confianza en la administración. Portillo dice que no va a renunciar, y claro, si uno ya está sentado en el sillón de la abundancia, levantarse por vergüenza sería una innovación demasiado brusca para Paraguay.
¿Se viene el fin de Chaqueñito en el Senado?
Chaqueñito volvió a coquetear con la idea de renunciar, como quien amenaza con irse de una fiesta pero sigue dando vueltas cerca de la heladera. Dijo que lo está analizando, después del posteo, de las versiones cruzadas, de la presión política y de una colección de papelones recientes que ya le hicieron precio por lote. El problema es que en el Senado no parece haber una fila de gente rogándole que se quede; al contrario, varios ya le están alcanzando el picaporte con una sonrisa bastante sincera.
El caso de la vivienda adjudicada y luego devuelta, la denuncia por supuesta extorsión y la defensa basada en el comodín más popular del momento —“fue la inteligencia artificial”— terminaron de cocinar un clima interno bastante espeso. el presidente del Senado prácticamente avisó que si se va nadie lo va a detener, una delicadeza institucional que traducida al castellano real significa: “gracias por participar, la salida está a la derecha”. En resumen, Chaqueñito sigue en modo veremos, pero el Senado ya parece estar haciendo lugar en la mesa.
Hambre Cero desata disputa por poder político interno
El programa Hambre Cero volvió al centro del debate, aunque por momentos pareciera que el hambre de los chicos quedó de extra y la prioridad real es ver quién se queda con el control político del esquema. En Diputados quieren cambiar la administración, redistribuir fondos, correr actores y recortar protagonismos, todo envuelto en un discurso de corrección institucional que casualmente coincide con internas, pulseadas y cuentas pendientes dentro del oficialismo y sus alrededores.
Mauricio Espínola le metió bisturí al proyecto y cuestionó que algunos decidan quién es corrupto por olfato y quién merece seguir manejando recursos. También apuntó al Ministerio de Desarrollo Social y a la OPACI, con el elegante mensaje de que meter más manos en la olla puede terminar empeorando el guiso. El resultado es una discusión donde se habla mucho de transparencia, pero el aroma dominante sigue siendo el de la rosca. Hambre Cero, sí; hambre de caja, muchísimo menos cero.
Senado marca postura ante propuesta incómoda sobre carne
En un país que exporta carne como si fuera símbolo patrio premium, garantizar que la gente pueda comprar costilla, puchero o carnaza sin hipotecar el almuerzo parece una idea revolucionaria. El proyecto de Éver Villalba quiso poner un tope a la renta sobre cortes populares, pero en el Senado la recepción fue parecida a la de un vampiro viendo amanecer: rechazo automático, gesto incómodo y varias comisiones listas para mandar todo al archivo.
La discusión deja una postal preciosa del modelo paraguayo: producimos carne para presumirle al mundo, mientras acá adentro comprar un kilo ya parece experiencia gourmet. Se invoca el mercado, la rentabilidad y la libertad económica, como si el problema fuera filosófico y no que la canasta básica viene hace rato con olor a estafa legalizada. La carne sigue subiendo, el bolsillo sigue bajando y el Senado, fiel a su estilo, observa el incendio con la seriedad de quien no paga su propio supermercado.
Plantean modificar reglas de ingreso en facultad UNA
En la Facultad de Filosofía de la UNA estudiantes plantean eliminar el puntaje mínimo de ingreso para llenar los cupos que año tras año quedan vacíos. Y el solo hecho de que haya que discutir esto ya es una radiografía dolorosa del sistema: sobran ganas de entrar, faltan condiciones para sostener exigencias y al final la educación pública termina negociando con la realidad como puede. El piso de 300 puntos, dicen, deja afuera a muchos aun cuando hay plazas libres.
La propuesta suena pragmática: ordenar de mayor a menor puntaje y completar cupos, sin ese filtro rígido que convierte vacantes en monumentos al sinsentido. El problema de fondo, claro, no es solamente un número, sino la decadencia general de un sistema que obliga a elegir entre calidad e inclusión como si fueran enemigos naturales. Después nos sorprendemos de que el país esté lleno de improvisados con micrófono, cargo o toga, pero cuando la discusión llega a la universidad, recién ahí fingimos espanto académico.
Marset activa un nuevo frente que inquieta a Galeano
Sebastián Marset todavía no habló en Virginia y ya hay varios mirando de reojo el expediente, el teléfono y probablemente hasta el pasaporte. La posibilidad de que su declaración en Estados Unidos abra nuevas derivaciones judiciales en Paraguay volvió a poner bajo foco a Erico Galeano, ya condenado en el caso A Ultranza Py. Cuando el narco mueve una ficha, acá más de uno empieza a sentir que la silla judicial tiene patas de gelatina.
Se habla incluso de hipótesis sobre un eventual pedido de extradición desde Estados Unidos, algo que por ahora no pasa de versión extraoficial, pero alcanza para poner nervioso a cualquiera con antecedentes comprometedores. En Paraguay estos procesos suelen durar una eternidad, salvo cuando la presión externa aprieta y la cooperación internacional empieza a funcionar como recordatorio de que no todo se puede dormir en cajones eternos. Marset ni siquiera necesita estar acá para seguir mandando escalofríos; le alcanza con existir y con saber demasiado.
Decisión final salpica a alguien muy cercano a Papo
La Corte Suprema dejó firme la condena de Cynthia Ramona Ojeda por su participación como cómplice en el homicidio de Robert Fabián Marín, y con eso se cerró otra estación del largo tour recursivo que tanto entusiasma a la fauna judicial. Los ministros declararon inadmisible el recurso de casación y dejaron claro que no estaban para reescribir el juicio porque a la defensa no le gustó el resultado. A veces, muy de vez en cuando, el sistema recuerda que también puede terminar algo.
La condena de Papo Morales también quedó firme y el caso ya tiene ese raro perfume de sentencia que no se licua en el camino. Las imágenes de circuito cerrado, la reconstrucción del crimen y el recorrido procesal fueron lo bastante contundentes como para que esta vez no prosperara la gimnasia habitual del “todavía falta una instancia más”. No deja de ser curioso: en un país donde muchas causas mueren de cansancio, acá por lo menos una puerta se cerró. Milagro judicial, edición limitada.
Video desde juzgado de San Lorenzo genera fuerte indignación
Lo de San Lorenzo fue tan grotesco que cuesta decidir si da más rabia o más vergüenza. Una mujer fue a denunciar un caso de acoso y del otro lado se encontró con una oficina judicial convertida en spa improvisado, con la funcionaria dedicada al skincare, manos, pies y peinado mientras la denuncia esperaba turno como si la violencia pudiera ponerse en pausa por tratamiento de belleza. Solo en Paraguay una dependencia para víctimas puede terminar pareciendo backstage de salón en promo.
El video hizo lo que las instituciones casi nunca logran por sí solas: dejar en evidencia sin maquillaje la podredumbre del servicio. La actuaria quiso justificar que la denuncia correspondía a otro ámbito, pero desde Recursos Humanos le bajaron el pulgar y confirmaron que sí debía atender. Encima ya había antecedentes. O sea, no era un episodio aislado sino otra postal de ese funcionariado que cree que el cargo público es una extensión del living. La víctima esperando justicia y del otro lado, exfoliación administrativa.
Corte reacciona tras polémico hecho en oficina judicial
Después de que el video corriera por todos lados y el bochorno fuera imposible de esconder debajo de la alfombra judicial, el Consejo de Superintendencia reaccionó con sumario y suspensión preventiva sin goce de sueldo para las dos funcionarias. La Corte, que suele moverse con la velocidad de una tortuga deprimida, esta vez encontró energía suficiente para recordar que una oficina de atención a víctimas no debería operar como centro de belleza con expediente decorativo.
La decisión busca preservar la “integridad del servicio”, frase elegante para decir que el escándalo ya era demasiado grande y que alguien tenía que pagar el costo. Ahora habrá jueza instructora, averiguación y proceso administrativo, ese ritual burocrático que intenta poner algo de orden después de que el ridículo ya hizo su desfile completo. El spa cerró, sí, pero el daño a la credibilidad del sistema ya quedó hecho. Una mascarilla no tapa semejante cara dura.
A Ultranza Py: decisión judicial cambia reglas sobre bienes
El Tribunal de Apelación cambió el criterio sobre los bienes subastados en A Ultranza Py y dijo algo que, en teoría, debería ser bastante lógico: si el bien ya fue vendido, lo eventualmente decomisable ya no es el auto, la casa o lo que fuere, sino la plata resultante de esa venta. Pero como estamos en Paraguay, hasta lo lógico necesita pasar por un viacrucis judicial para que alguien lo escriba con sello, firma y varias páginas de solemnidad.
La decisión beneficia a compradores que habían adquirido bienes en subasta pública y aun así seguían atrapados en un limbo registral digno del realismo mágico penal. La Cámara le recordó al tribunal inferior que la ley no está para adornar bibliotecas y que, una vez concretada la venta anticipada, las restricciones ya no tienen mucho sentido. En A Ultranza no solo se persiguen fortunas, también se fabrican laberintos procesales donde cualquiera entra a comprar legalmente y sale con dolor de cabeza jurídico. Paraguay te vende el bien, pero primero te vende el suspenso.
🍮 Bueno, hasta acá llega esta vuelta de la sobremesa. Entren nomás a cada título, lean completo, indignense con ganas y después vuelvan, que material para seguir pinchando nunca falta en este bendito manicomio con membrete.
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