Los números y el engranaje de la violencia de género

La Cámara de Senadores dio luz verde, con algunas enmiendas, al proyecto de ley que pretende proclamar una emergencia social a raíz de la violencia hacia mujeres, niñas y adolescentes. La propuesta tiene como objetivo instaurar medidas inmediatas de prevención y fomentar una transformación cultural a través de talleres y acciones de sensibilización en torno a la equidad de género.

Más allá de esta medida que adoptó el Gobierno, es crucial comprender cómo opera este mecanismo y por qué es una preocupación de toda la sociedad. La violencia está intrínsecamente ligada al concepto de poder: el poder masculino, el poder político, el poder de los más fuertes y el poder corporativo.

Las relaciones entre individuos están permeadas por dinámicas de poder. La violencia se puede describir como el uso de fuerza o imposición que obliga a alguien a actuar de cierta manera. Las situaciones violentas siempre surgen de conflictos de poder, donde una parte tiene el control y la otra es vulnerable. La violencia implica silencio, falta de comunicación y obstrucción del diálogo. Es esencial no confundir conflicto con violencia; el conflicto es parte natural de las relaciones humanas y es necesario para la diversidad y libertad humana. Sin embargo, cuando no se maneja adecuadamente, puede convertirse en violencia, donde prevalecen la fuerza y la supresión de diferencias.

Los seres humanos somos inherentemente conflictivos, ya que somos diferentes y debemos convivir en sociedad, muchos expertos señalan que una de las principales fuentes de sufrimiento humano es la relación con otros. La agresión es una característica intrínseca de la condición humana, mientras que la violencia es aprendida y opcional. La violencia tiene raíces sociales, históricas y culturales, y se basa en mecanismos construidos y transmitidos a lo largo del tiempo.

Desde el inicio de la vida, el cuerpo humano puede ser tratado con amor y respeto o con violencia. Esta relación temprana con el cuerpo marca la forma en que las personas se relacionan con los demás. Los niños adoptan características de sus adultos de referencia, quienes son sus primeros objetos de amor. El tipo de relacionamiento aprendido en la familia tiende a perpetuarse a los largo de la vida del individuo. Sin embargo, esto no debe ser interpretado de manera lineal, hay muchos otros modos de elaboración singular a partir de las mismas condiciones dadas, no hay un destino trazado o un círculo implacable a recorrer para quien es víctima de violencia. En todo sujeto hay posibilidad para que emerja lo nuevo, lo impredecible y lo creativo

Según las Naciones Unidas, la violencia contra la mujer se define como cualquier acto de violencia ejercido sobre una mujer, que pueda causar daño físico, sexual o psicológico a la mujer, incluyendo amenazas, coerción o privación arbitraria de libertad, ya sea en la esfera pública o privada. La violencia de pareja se refiere a comportamientos que causan daño físico, sexual o psicológico, incluyendo agresión física, coerción sexual y maltrato psicológico. La violencia sexual abarca cualquier acto sexual forzado o intento de acto sexual dirigido contra la sexualidad de una persona por otra, independientemente de su relación con la víctima.

Desde la década de 1970, se comenzó a usar «género» como una categoría clave para entender la realidad social, cultural e histórica, reemplazando al término «sexo». La historia de las mujeres no puede limitarse solo a la noción de sexo o sexualidad, se debe cubrir todas las áreas de la sociedad y sus estructuras. El género es específico del contexto y está influenciado por construcciones culturales.

Al estudiar históricamente estos conceptos, es esencial relacionarlos con el contexto histórico, social y cultural. Los constructos sociales fijan criterios sobre el hombre y la mujer, se ha relacionado tradicionalmente lo femenino con la suavidad, la sensibilidad, la fragilidad, la sumisión, la pasividad; y a lo masculino relacionado con la agresión, la actividad, el movimiento, la autoridad. La mujer es recluida al ámbito de lo privado, a la familia y la función maternal por excelencia; el hombre volcado a lo público y social.

Así, dichas construcciones generan una situación de desigualdad, que ubica a las mujeres en posición de desventaja y a los hombres en una de supremacía. Es en estos patrones culturales arraigados desde donde se gestan las prácticas concretas y cotidianas, y es desde ahí donde se debe trabajar, tendiendo a deconstruir estas percepciones sólidamente instaladas: la lógica fuertemente machista y patriarcal tan arraigada tanto en varones como en mujeres.

Las relaciones violentas a menudo presentan ciertas características

  • Cuestionamientos a las decisiones personales.
  • Celos desproporcionados.
  • Intentos por controlar amistades y actividades sociales, llevando al aislamiento.
  • Amenazas y manipulaciones para terminar la relación si no se hace lo que una de las partes quiere.
  • Expresiones posesivas como “me pertenecés”.
  • Sentimientos de miedo a reacciones de la pareja.
  • Agresiones físicas.
  • Abuso sexual.
  • Agresividad verbal, humillación, comparaciones con otras personas.
  • Control de la ropa que usa o cómo luce la otra persona.
  • Control de llamadas, mensajes, redes sociales y/o claves

Otros datos clave

  • Las estimaciones publicadas por la OMS indican que una de cada tres mujeres en América Latina ha sufrido violencia física y/o sexual de pareja o violencia sexual por terceros en algún momento de su vida.
  • La violencia de pareja es la forma más común de violencia contra la mujer. Un 38% de los asesinatos de mujeres que se producen en el mundo son cometidos por su pareja masculina.
  • Hombres y mujeres que han estado expuestos a actos de violencia de pareja en sus hogares, han sido objeto de malos tratos durante la infancia, han vivido en entornos en los que se aceptaba la violencia, los privilegios masculinos y la condición de subordinación de la mujer corren un mayor riesgo de cometer actos violentos y/o ser víctimas de violencia.

Feminicidios en Paraguay y América Latina

La palabra “feminicidio” está en disputa; hay algunos que afirman que incluye cualquier asesinato cuya víctima sea una mujer, independientemente del género de quien lo cometa o de cuáles sean sus motivaciones. Y hay otros especialistas que indican que es la muerte de una mujer en manos de su pareja o expareja.

El Observatorio del ministerio de la Mujer de nuestro país, publicó el registro de casos de feminicidios ocurridos en el primer semestre del 2023 (de enero a junio). En lo que va del año hubo 26 asesinatos de mujeres catalogados como feminicidios, el último eslabón de la violencia de género.

Por otra parte, Latinoamérica es una de las regiones más letales del mundo para las mujeres. De acuerdo con la ONU, los niveles de violencia machista, en particular del tipo doméstico, se han incrementado en todo el mundo durante la pandemia, pero en Latinoamérica lo han hecho sobre unas cifras que en sí ya eran muy dramáticas.

Las estadísticas más recientes de la Comisión Económica para Latinoamérica y el Caribe (Cepal) muestran que, al menos 4.473 mujeres fueron víctimas de feminicidio en América Latina y el Caribe en 2021.

En el año 2021, de los 18 países o territorios de América Latina que proporcionaron información, 10 presentaban una tasa igual o superior a 1 víctima de femicidio o feminicidio por cada 100.000 mujeres, entre ellos estaban: Argentina, Bolivia, Brasil, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Paraguay, República Dominicana y Uruguay.

La violencia se puede prevenir

Es indispensable identificar el abuso temprano, proporcionar atención y apoyo a las sobrevivientes, y referir a las mujeres a servicios adecuados e informados dentro y fuera del sistema sanitario.

Si sos víctima de violencia o sabes de alguien que lo sea, llama a la línea 137 (SOS Mujer), es gratuita, nacional y brinda contención todos los días del año. Además si tenes conocimiento de niños y/o adolescentes abusados o en situación de violencia, podes comunicarte a la línea 147 (Fono Ayuda), la misma brinda protección a la niñez y la adolescencia.


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