MADES habilita oficialmente el acervo biológico del Museo de Itaipú
Hay archivos que esperan en silencio hasta que alguien decide volver a abrirlos. Eso es lo que acaba de pasar con un patrimonio biológico paraguayo que llevaba casi medio siglo custodiando, en silencio, una porción enorme de la historia natural del Alto Paraná. El Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADES) habilitó formalmente, mediante una certificación oficial, el acervo biológico del Museo de Itaipú Tierra Guaraní, una colección que reúne más de 9.000 ejemplares y que pasa, desde ahora, a poder participar de manera activa en proyectos de investigación científica y a incorporar nuevas muestras a su archivo.
El acervo se encuentra alojado en el Tekotopa Centro Ambiental, en Hernandarias, y reúne especímenes de flora, fauna y hongos provenientes principalmente del área de influencia de la represa de Itaipú. Para la comunidad científica del país, es —según se ha venido reconociendo— «uno de los registros científicos más relevantes a nivel nacional». Su habilitación oficial le da estatuto formal para sumarse al circuito activo de investigación, en lugar de quedar como reserva pasiva.
Una colección que nació con la represa
El origen del acervo está pegado a uno de los momentos más transformadores de la geografía paraguaya. La conformación de la colección se inició en 1978, en el marco de los estudios previos y simultáneos a la creación del embalse de Itaipú. El criterio era explícito: antes de que el agua transformara para siempre el paisaje, había que documentar, preservar y catalogar la biodiversidad de la región. Casi medio siglo después, el archivo conserva ese testimonio —y, ahora, vuelve a operar como herramienta viva.
Qué contiene exactamente
Los 9.000 ejemplares incluyen colecciones de flora, fauna y hongos del Alto Paraná y zonas adyacentes. Para los investigadores que estudian la evolución del Bosque Atlántico paraguayo, la transformación del bioma a lo largo de las últimas décadas o el comportamiento de especies indicadoras, ese archivo funciona como una línea de base histórica difícil de reemplazar. Y a partir de la habilitación, podrá seguir creciendo con muestras nuevas que documenten el presente para futuras generaciones de científicos.
El trabajo de Humberto Sánchez
Detrás de un archivo de esta envergadura siempre hay personas que dedicaron años a sostenerlo. El biólogo Humberto Sánchez (1976–2024) fue una de esas figuras: su trabajo en el Plan de Manejo resultó determinante para constituir y sostener el acervo. La habilitación oficial llega, en cierto modo, como un reconocimiento implícito a esa trayectoria de cuidado paciente que sostuvo la colección a lo largo de los años.
Las instituciones que sostienen el archivo
El acervo se gestiona en una articulación entre el MADES, la Itaipú Binacional —a través de su División de Educación Ambiental y de su Departamento de Derecho Ambiental— y el Consejo Internacional de Museos (ICOM), del que el museo es miembro. Esa red institucional explica, también, por qué la habilitación trasciende lo puramente local: pone al acervo en el circuito internacional de museos científicos.
Una trayectoria de reconocimientos
La habilitación del acervo biológico se suma a otros hitos que el museo viene acumulando. Su Acervo Antropológico ya había sido declarado Bien Cultural Nacional, recibió la habilitación de la Secretaría Nacional de Cultura (SNC) en 2016 y mantiene su membresía vigente en el ICOM. La nueva certificación del MADES suma una capa más a un patrimonio que viene siendo cuidadosamente reconocido por distintas instancias.
Qué viene después
El plan también mira hacia el público general. Por ahora, el acervo biológico está disponible para investigadores, pero el museo proyecta una actualización museográfica que permita abrir parte de la colección al público en una próxima etapa. Sería una manera de devolver al ciudadano común una porción de la historia natural de su propio país.
Más que un archivo, una herramienta
Lo que se reactiva en Tekotopa no es solo un depósito de ejemplares. Es una línea de tiempo viva de la biodiversidad del Alto Paraná, en una región que vive procesos ambientales acelerados — algunos vinculados a la propia represa, otros al cambio climático, otros al avance agropecuario. Para entender qué está pasando ahora con los ecosistemas paraguayos, mirar lo que estaba en 1978 puede ser una de las herramientas más útiles. La habilitación del MADES, en ese sentido, no abre solo un archivo: abre una manera de comparar el antes y el ahora con datos concretos.
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