El problema de la diabetes en Paraguay ha adquirido dimensiones críticas. Según la Directora del Programa Nacional de Diabetes del Ministerio de Salud Pública (Mspbs), la doctora Doris Royg, existe una gran cantidad de casos ocultos y sin diagnosticar que se suman al ya preocupante panorama general. La doctora advierte que el riesgo es generalizado debido a factores de riesgo como antecedentes familiares, sedentarismo y una mala alimentación.
El país reporta actualmente 500,000 casos de diabetes, pero solo el 25,2% de estos (126,000) están recibiendo tratamiento. Esta estadística enfatiza la importancia de una consulta médica anual para detectar a tiempo la presencia de esta enfermedad.
Un obstáculo notable en la lucha contra la diabetes es la falta de conciencia sobre los síntomas y los factores de riesgo. Además, hábitos de vida poco saludables parecen ser una norma común en la población. Según la doctora Royg, es imperativo que la sociedad paraguaya y el sistema de salud trabajen en conjunto para contrarrestar esta problemática.
En medio de la pandemia de COVID-19 y la presencia del chikungunya en el país, el uso de corticoides para su tratamiento también se ha convertido en un riesgo potencial para el desarrollo de diabetes, debido a su capacidad para aumentar la resistencia a la insulina y afectar el metabolismo de la glucosa.
Para afrontar esta situación, el Ministerio de Salud Pública ha implementado Unidades de Salud Familiar destinadas a aumentar el alcance de la detección y tratamiento de la diabetes. Asimismo, se ha desarrollado una «calculadora de riesgo de diabetes tipo 2» accesible en la página web del ministerio.
Sin embargo, parece evidente que las estrategias deben centrarse también en la prevención mediante la promoción de un cambio en los hábitos de vida. Es crucial fomentar una alimentación saludable y equilibrada, junto con la práctica regular de actividad física para evitar el desarrollo de la diabetes o controlarla de manera eficaz si ya está presente.
El desafío de Paraguay es doble: primero, aumentar la detección y el tratamiento de la diabetes en su población, y segundo, promover un cambio radical en los hábitos de vida para prevenir su aparición y controlar su progresión. El compromiso y la acción conjunta de la sociedad y el sistema de salud son fundamentales para superar este desafío.
