Barata para tu factura, cara para el planeta

Qué es el fracking y por qué divide al mundo entero

Llegás a casa y prendés la luz. Después te das una ducha caliente y ponés algo a cocinar. En esa rutina mínima, repetida por millones de personas, hay un protagonista invisible: el gas. Se volvió una de las columnas silenciosas de la vida moderna, tan presente que solemos preguntarnos por su precio mucho más que por su origen. Y cuando uno tira de ese hilo, aparece una palabra que sigue encendiendo polémica: fracking.

Su nombre técnico en español es fractura hidráulica, y arrastra una paradoja que vale la pena mirar de cerca. España la prohibió en 2021, mediante su Ley de Cambio Climático y Transición Energética. Sin embargo, buena parte del gas que ese país consume llega desde lugares donde la técnica sí se aplica —principalmente Estados Unidos—. Prohibida adentro, pero presente igual en el enchufe y en la hornalla.

Cómo funciona, en palabras simples

El fracking fue ideado en Estados Unidos a fines del siglo XX, de la mano del empresario texano George Mitchell y el ingeniero Nick Steinsberger. Ambos descubrieron que se podían liberar enormes cantidades de gas y petróleo atrapados en rocas muy compactas combinando dos innovaciones: la perforación horizontal y la inyección de fluidos a altísima presión.

La maniobra llega a capas profundas de roca y allí se inyecta una mezcla de agua, arena y aditivos químicos que fractura el material. La arena cumple un rol clave: mantiene abiertas esas microfisuras para que el gas o el petróleo fluyan hacia la superficie. De esa fractura provocada sale, justamente, el nombre de la técnica.

El boom que reordenó el mapa energético

El impacto fue enorme. En Estados Unidos, el auge de la fractura hidráulica abarató desde 2010 el costo de la calefacción y la electricidad, y convirtió al país en una potencia exportadora. Ese éxito —medido en términos económicos y geopolíticos— despertó el apetito de otras naciones con grandes reservas de combustibles fósiles. El beneficio es tan tangible como superficial: deja en segundo plano las consecuencias ambientales y sanitarias en los territorios donde se perfora.

Más cerca de lo que parece

El debate no es solo del hemisferio norte. En la región, el caso más resonante es Vaca Muerta, en Neuquén (Argentina), que se transformó en uno de los mayores enclaves de explotación de hidrocarburos no convencionales del mundo. En Colombia, en cambio, la técnica todavía no está regulada y fue uno de los temas calientes de la campaña presidencial. No es un detalle menor: en uno de los países más biodiversos del planeta, la fractura hidráulica pone sobre la mesa el riesgo para fuentes de agua dulce, ecosistemas frágiles y territorios habitados por comunidades rurales e indígenas.

Lo que advierte la ciencia

Numerosas organizaciones científicas y ambientales estudiaron los efectos del fracking, y el cuadro que describen es delicado. Según un estudio de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, la técnica podría filtrar fluidos hacia el agua subterránea y contaminarla. La bióloga Sandra Steingraber agrega que, en algunas zonas cercanas a los pozos, la fracturación sería «la principal fuente de smog». A eso se suma otro fenómeno llamativo: en regiones donde antes casi no temblaba, la actividad podría inducir movimientos sísmicos.

El capítulo más sensible es el de la salud. Los estudios realizados hasta hoy en zonas petroleras estadounidenses sugieren que los bebés nacidos cerca de pozos de fracking podrían registrar mayor incidencia de bajo peso al nacer, parto prematuro o anomalías congénitas, y que las personas mayores tendrían un riesgo más alto de muerte prematura. Frente a esa evidencia, Steingraber fue categórica: «Esto es una crisis de salud pública».

Una tensión sin resolver

Ahí está el nudo. Mientras la demanda mundial de gas se mantiene al alza y el mercado internacional sigue creciendo, las advertencias científicas suelen quedar relegadas a un segundo plano. El fracking resume, como pocas técnicas, la tensión de fondo de nuestra época: la comodidad inmediata de la energía barata frente al costo silencioso que pagan el ambiente, la salud y las comunidades. Entender de dónde viene el gas que prende nuestras luces es, también, una forma de decidir qué mundo queremos sostener.


🌍 Las historias que explican el mundo que consumimos, primero en tu teléfono. Seguí el canal oficial de EPI en WhatsApp y enterate al toque.

Deja un comentario

Descubre más desde El Paraguayo Independiente

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo