El problema de Corateí no es solo la basura

Una minga ambiental para devolverle el brillo a Corateí

Hay lugares que dependen de su belleza para vivir. Corateí, en el distrito de Ayolas (departamento de Misiones), es uno de ellos: una comunidad ribereña que recibe visitantes atraídos por su entorno natural y su tranquilidad. Pero, como en tantos rincones del país, la basura empezó a aparecer donde no debía. Frente a eso, los vecinos decidieron no esperar: impulsan una minga ambiental, una jornada de limpieza colectiva para devolverle a la comunidad el aspecto que la convirtió en destino turístico.

La convocatoria nace de una preocupación concreta. En distintos espacios de la comunidad fueron proliferando pequeños vertederos ilegales —esos «mini basurales» que se forman cuando alguien tira sus residuos al costado del camino y otro lo imita—. La iniciativa busca, antes que nada, limpiar; pero sobre todo, dejar instalado un mensaje que cale más hondo que una bolsa de basura recogida.

Cuando el problema no es la basura, sino la costumbre

El impulsor de la jornada es Gerónimo Oribe, dirigente social y trabajador del sector turístico, que conoce de cerca el costo de un entorno descuidado. Para él, el verdadero desafío no está en los residuos en sí, sino en el hábito que los genera.

«Parece que la gente no es consciente de eso, por eso tira su basura por cualquier lado; son detalles que se deben cuidar», señaló Oribe. La frase resume el espíritu de la convocatoria: la minga no apunta solo a juntar lo que está tirado, sino a torcer una conducta que se repite por inercia.

Salud y turismo, dos motivos que van de la mano

El dirigente puso el foco en dos consecuencias muy tangibles de los basurales. La primera es sanitaria. «Se debe tener en cuenta que la basura trae consigo enfermedades», advirtió. Los residuos acumulados se convierten en criaderos de insectos y roedores, y en zonas ribereñas el riesgo se multiplica.

La segunda razón es económica y de identidad. «Si no se realiza la limpieza… queda mal, sobre todo donde se depende mucho del turismo», apuntó Oribe. En una comunidad donde buena parte del sustento llega de la mano de los visitantes, un paisaje sucio no es solo una cuestión estética: es plata que se va y una imagen que cuesta recuperar.

La minga, una herramienta bien paraguaya

La elección de la minga no es casual. Esta forma de trabajo comunitario y voluntario, de raíces guaraníes, es una de las tradiciones más arraigadas del Paraguay: vecinos que se organizan para resolver juntos lo que a uno solo le costaría demasiado. Aplicada al cuidado del ambiente, se vuelve una herramienta poderosa, porque suma manos y, de paso, construye sentido de pertenencia.

La convocatoria apunta a ser amplia. Se espera la participación de instituciones educativas y autoridades locales, en una articulación que busca que el mensaje no quede en los adultos que limpian hoy, sino que llegue también a los más chicos. Cuando una escuela se suma a una jornada así, lo que se enseña no entra por un pizarrón: entra por la experiencia de ver el espacio propio quedar limpio.

Limpiar hoy para no volver a empezar mañana

El objetivo declarado de la jornada va más allá del antes y el después de las fotos. Se busca generar conciencia ciudadana sobre la disposición correcta de los residuos y, sobre todo, promover un cambio de conducta que sostenga en el tiempo lo que la minga logre en un día. Porque el riesgo de toda limpieza comunitaria es que la basura vuelva apenas se guardan las bolsas.

Ahí está la apuesta de fondo: que cada vecino entienda que el espacio común también es responsabilidad propia. Que el costado del camino no es un basural, que el arroyo no es un tacho, que la postal que atrae al turista se cuida entre todos. Corateí, con su minga, propone algo simple y a la vez enorme: empezar por casa, todos juntos, el mismo día.


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