El MAG anticipa el impacto de El Niño y recomienda cómo cuidar los cultivos
El campo paraguayo conoce de memoria una verdad simple: el clima manda. Por eso, cuando un fenómeno como El Niño asoma en el horizonte, anticiparse deja de ser una opción y se vuelve la mejor herramienta de trabajo. El Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) salió a marcar el camino con un puñado de recomendaciones pensadas para que los productores lleguen preparados y no corriendo detrás de la tormenta.
El fenómeno ya se instaló en el océano Pacífico, y su influencia sobre el territorio nacional se proyecta —según el ministerio— para los meses de septiembre en adelante, justo cuando arranca el período de lluvias. La idea de fondo no es alarmar, sino ordenar el trabajo: saber qué viene permite decidir hoy lo que evitará pérdidas mañana.
Qué se espera del fenómeno
El principal rasgo de un año Niño en Paraguay sería el exceso de precipitaciones durante la temporada lluviosa. No se trata solo de que llueva más: el ministerio advierte sobre la posibilidad de eventos extremos puntuales, con acumulados que podrían trepar hasta los 200 milímetros en un solo día. A eso se suman temperaturas elevadas y una alta humedad ambiental, una combinación que suele abrir la puerta a la proliferación de plagas y enfermedades en los cultivos.
Ese cóctel de agua, calor y humedad es el que el productor debe tener en el radar. Y es, también, el que las recomendaciones del MAG apuntan a contener.
Dos consejos que marcan la diferencia
Las indicaciones del ministerio son claras y, sobre todo, aplicables. Según Édgar Mayeregger, coordinador de gestión de riesgos del MAG, la recomendación principal es evitar los suelos desnudos. Un suelo sin cobertura queda a merced de la lluvia intensa: el agua lo golpea, lo arrastra y se lleva consigo la capa más fértil. Mantenerlo cubierto —con rastrojos, cultivos de cobertura o vegetación— es la primera línea de defensa frente a la erosión.
La segunda recomendación va en la misma dirección: fortalecer la siembra directa. Esta técnica, que evita remover el suelo y conserva los restos vegetales en superficie, mejora la capacidad del terreno para absorber y retener agua, reduce la erosión y protege la vida microbiana que sostiene la fertilidad. En un escenario de lluvias abundantes, ese colchón natural puede ser la diferencia entre una cosecha cuidada y un lote castigado.
No todo es amenaza
Conviene bajar un cambio al pronóstico catastrófico. El propio Mayeregger aporta una mirada que vale la pena retener: según las estadísticas disponibles, «en el año Niño normalmente suele ser un año relativamente bueno». Dicho de otro modo, más agua bien aprovechada puede traducirse en buenos rindes, siempre que el suelo esté preparado para recibirla. La clave no está en temerle al fenómeno, sino en gestionarlo.
Anticiparse, la palabra del año
La recomendación del MAG al sector agrícola se inscribe en una lógica más amplia que viene ganando terreno en el país: prepararse antes de que el fenómeno golpee, en lugar de improvisar cuando ya está encima. Es la misma idea que empuja a ciudades y comunidades a revisar desagües, limpiar cauces y planificar con tiempo. Frente a un clima cada vez más intenso, la anticipación se volvió la herramienta más valiosa —en el campo y en la ciudad.
Para el productor, el mensaje es concreto y está a su alcance: cuidar el suelo es cuidar la cosecha. Y hacerlo a tiempo, antes de que caiga la primera lluvia fuerte, es la mejor forma de que El Niño sea un aliado y no un dolor de cabeza.
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