“No es la benevolencia del carnicero, el cervecero o el panadero lo que nos da la comida, sino su interés por sus propios intereses.”
Adam Smith
Esta verdad es algo incómoda para ciertos románticos o ignorantes del funcionamiento de la economía, quienes, generalmente, se encuentran al margen izquierdo de la política.
En el plano nacional hay otra verdad que puede incomodar aún más y es que hemos comido mucha carne gracias al interés del ingeniero Luis Pettengill entre otros productores de carne.
Este ciudadano, hoy vilipendiando por gran parte de la sociedad, no es por todo lo que dijo de la carne sino por el tendencioso encabezado de abc color sobre una parte de lo expresado por él ante las preguntas de los cronistas de la prensa, quienes, esta vez, excepcionalmente, demostraron saber de lo que hablaban, lo que prueba otra verdad escrita de Adam Smith;
«Lo que en el gobierno de toda familia particular constituye prudencia, difícilmente puede ser insensatez en el gobierno de un gran reino.”
Obviamente, las respuestas de Pettengill no tuvieron el espíritu que el diario amarillo quiso dar a entender; el de María Antonieta.
La esposa y reina consorte de Luis XVI rey de Francia, trascendió en la historia por responder a miembros de la corte palaciega cuando la informaron que los parisinos ya no tenían pan para comer: “Que coman torta”.
Fue guillotinada el 16 de octubre de 1793, 9 meses después que su propio marido perdiera literalmente la cabeza, acusada de traición a la revolución.
A pesar del tiempo transcurrido, lo escrito sobre el carnicero por Adam Smith en su obra célebre “La riqueza de las naciones” publicada en 1750, sigue siendo tan verdadero en la actualidad como lo fue entonces, si bien el mundo ha cambiado mucho y existen varias diferencias en el marco del comercio nacional e internacional.
No obstante, sigue siendo un manual básico del libre comercio:
“En cualquier país, el interés del gran conjunto de la población estriba siempre en comprar cuanto necesita a quienes más barato se lo venden. Esta afirmación es tan patente que parece ridículo tomarse el trabajo de demostrarla; y tampoco habría sido puesta jamás en tela de juicio si la retórica interesada de comerciantes e industriales no hubiese enturbiado el buen sentido de la humanidad. En este punto, el interés de esos comerciantes e industriales se halla en oposición directa con el del gran cuerpo social.»
Acabamos de ver como un periódico enturbió la atmosfera social local con su retórica interesada anti-colorada, ahora veamos como lo hace una institución del Estado; el Banco Central.
Este mamut silencioso manipula el funcionamiento natural de la economía impidiendo mayor bienestar para la mayoría de los paraguayos privilegiando a una elite.
La justificación o excusa de siempre, bola terapia si se quiere, se viene repitiendo desde hace mucho tiempo o desde que la soja tomó protagonismo en el agro paraguayo para ser más preciso.
¿Cuál es?
Que este es un país agro-ganadero y los productos se cotizan en dólares, la soja en Chicago y la carne a nivel internacional en la moneda norteamericana, entonces hay que mantener el dólar razonablemente alto para obtener mayor redito de las divisas.
O sea, mantener alto el dólar para tener un buen precio de la carne y exportarla en su mayor parte mientras se encarece el resto del país a causa de esta medida. Perverso y criminal, obviamente no somos un país industrial, por eso necesitamos de las importaciones cuyo patrón también es el dólar.
Y es así como la retórica interesada de los agro-ganaderos mediante el Banco Central contamina el buen sentido de nuestra paraguayidad.
Más de Smith:
«Si un país extranjero puede suministrarnos un artículo más barato de lo que nosotros podemos fabricar, nos conviene más comprarlo con una parte del producto de nuestra propia actividad empleada de la manera en que llevamos alguna ventaja.”
Si comprar un producto necesario que nos saldría más caro producir a quien le cuesta menos fabricar y más barato nos vende, del mismo modo nos conviene vender nuestro producto a quien más caro nos compre ya que a ellos les saldría más costoso producir.
Correcto, el problema está en la manipulación del dólar por parte del Banco Central con la excusa de siempre, lo cual, finalmente, beneficia a un sector o grupo de gente en detrimento del resto de la población. Y esto lo saben muy bien los mismos ganaderos.
La solución no es más intervención poniendo límite al precio actual como propuso un “liberal” en el Congreso, sino justamente lo contrario; desregular, dejar al dólar fluctuar y que cotice en el punto que quiere la mayoría de los paraguayos, aunque esto no se hace por votación sino por la interacción en el ámbito del comercio por parte de la sociedad. Bien lo explica Ludwig Von Mises en su obra clásica “Acción Humana”.
Por eso el precio se llama así, es información preciosa que deriva de la libre interacción de bienes y servicios en el mercado.
De ahí que la diferencia en los precios de los distintos cortes de carne es algo completamente normal, natural, y depende de ciertos factores como la crianza entre otros como bien lo afirmó Pettengil.
No obstante, es muy probable que, sin la intervención de esta institución de origen marxista, el BCP, el valor de la moneda norteamericana caiga bastante, no puedo saber con exactitud y menos me atrevo a adivinar hasta donde. De hecho, el dólar está teniendo una tendencia a la baja por varios factores que presionan como el descenso del precio internacional de petróleo y la sensación del posible crecimiento del PIB nacional en más del 4%. Además, hoy en los bancos, se están pagando mejores tasas en la moneda nacional que la norteamericana.
De ser así, ¿Cómo puede afectar la caída del dólar el precio de la carne?
Habrá menos distorsión en los precios cuando no ninguna ya que las transacciones se harán orgánicamente.
Seguirán exportando los cortes Premium seguramente pero el precio será más accesible en el mercado local y siempre estará la soberana decisión de los consumidores locales de elegir los cortes de acuerdo a sus economías.
Ningún grupo en particular de la sociedad debe ser beneficiado en forma irregular o antinatural por institución alguna del Estado con excusas disfrazadas de argumentos “económicos”.
Ya vemos lo que produce esto en nuestra realidad, como se escucha decir que somos un país exportador de carne, pero en él está cada día más difícil consumirla y esto es muy cierto.
Solución; juego limpio, menos retórica interesada y más libertad económica. Eso sí, hay un corte que debe hacerse con urgencia: el Banco Central.
Shabat Shalom
Escrito por El Padrino
Raúl Melamed


«El pecado de la carne», como el populacho cretino siga así, sin consumir sal yodada en la falda parrillera, nos volveremos todos veganos.