La renuncia de Lea Giménez: Cuando la política te baja del caballo

Lea Giménez, la que alguna vez fue presentada como la gran esperanza técnica del gobierno, ha decidido colgar los guantes. O al menos, esa es la versión oficial.

Porque, según Luis Bareiro, la cosa no es tan simple como parece.

Al parecer, nuestra querida Jefa de Gabinete fue más bien empujada a la salida, con una sonrisa y un “gracias por participar”.

La gran esperanza técnica que no fue

Bareiro no se guarda nada al describir cómo Giménez, rodeada de tiburones, terminó siendo la presa fácil. No es que no tuviera buenas ideas o intenciones; el problema es que, en la política, las buenas intenciones son como las promesas de campaña: bonitas, pero vacías si no se tienen las espaldas bien cubiertas.

Y ahí fue donde Giménez perdió el juego. Porque, en lugar de alinear los intereses, se encontró con que nadie estaba dispuesto a jugar en su equipo.

Una salida inevitable en un juego sin lealtad

La renuncia de Giménez no es solo la historia de alguien que no aguantó la presión, como quieren hacer creer algunos. Es la historia de cómo la política sigue siendo ese lugar donde, si no estás dispuesto a ceder, a tranzar, y a jugar con las reglas no escritas, te quedás afuera.

Bareiro lo deja claro: la salida de Giménez es la consecuencia de no entender que, en este juego, no se trata de quién tiene las mejores ideas, sino de quién maneja mejor los hilos.

La política, ese juego de tronos donde siempre hay un chivo expiatorio

Y no es que Giménez no haya intentado mantenerse en pie. Al principio, parecía tener la determinación de una corredora de maratón; pero cuando tus propios compañeros te ponen piedras en el camino, el sprint se vuelve una carrera de obstáculos.

Lo irónico de todo esto es que mientras ella intentaba salvar la imagen del gobierno, otros en las sombras ya estaban afilando los cuchillos, listos para usarla como chivo expiatorio en cuanto las cosas se torcieran.

¿Quién será el próximo en caer?

Porque, en política, la lealtad es un lujo que pocos pueden permitirse. Y cuando la tormenta se avecina, lo más fácil es echar a alguien por la borda para mantener el barco a flote. ¿Quién mejor que Lea Giménez, la “técnica”, para cargar con la culpa de los desaciertos? Después de todo, era ella quien estaba en el lugar equivocado, en el momento equivocado, y sin los padrinos políticos necesarios para resistir el vendaval.

El gobierno sigue tambaleándose

Pero la historia no termina con la renuncia. Bareiro advierte que la salida de Giménez es solo la punta del iceberg en un gobierno que, lejos de estar cohesionado, se encuentra dividido en facciones que se disputan el poder como hienas hambrientas.

La pregunta que queda en el aire es: ¿quién será el próximo en caer? Porque si algo es seguro, es que la renuncia de Lea no solucionará los problemas de fondo, solo dejará espacio para que otro tome su lugar en el tablero de ajedrez.

Así que, mientras algunos se esfuerzan por darle a esta renuncia un aire de dignidad y sacrificio, los que conocen bien el juego saben que aquí no hay héroes ni mártires, solo sobrevivientes. Y Lea, desafortunadamente, no fue una de ellos.

Telefuturo – La opinión de Luis Bareiro

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