El horario del agua que pocos tienen en cuenta

El hábito nocturno con el agua que puede arruinar tu descanso

Beber agua es clave para la salud, pero hacerlo en exceso antes de acostarnos puede jugar en contra del descanso. Tomar demasiado líquido por la noche puede provocar despertares frecuentes para ir al baño, mientras que una hidratación insuficiente también afecta la calidad del sueño. Entonces, ¿cuál es el equilibrio ideal?

Con el calor, es común aumentar la ingesta de agua durante todo el día e incluso dejar un vaso o una botella en la mesa de luz “por las dudas”. Sin embargo, esta costumbre puede no ser tan beneficiosa como parece. Especialistas en sueño e hidratación explican cuál es el momento más adecuado para tomar el último sorbo del día y dormir de corrido.

Hidratación y sueño: una relación delicada

La relación entre el consumo de agua y el descanso funciona como una curva de campana: tanto la falta como el exceso de líquidos pueden afectar negativamente el sueño. La psicóloga y médica conductual del sueño Shelby Harris, citada por MindBodyGreen, advierte que dormir poco también se asocia a una hidratación deficiente.

Un estudio de 2019 mostró que los adultos que dormían seis horas o menos presentaban niveles de hidratación subóptimos. Al mismo tiempo, beber grandes cantidades de líquido antes de acostarse puede provocar múltiples micciones nocturnas y fragmentar el descanso.

El error más común: hidratarse recién de noche

Según Harris, muchas personas no toman suficiente agua durante el día y llegan a la noche con mucha sed. “Algunas personas no beben lo suficiente durante el día, por lo que, cuando llega la noche, tienen mucha sed”, explica. Como consecuencia, beben uno o dos vasos de agua antes de dormir y luego deben levantarse varias veces durante la madrugada.

La recomendación es clara: distribuir mejor la hidratación a lo largo del día para evitar acumular líquidos en las horas previas al descanso.

¿A qué hora tomar el último trago de agua?

La uróloga Vannita Simma-Chiang aporta una referencia concreta: lo ideal es tomar el último sorbo de agua entre tres y cuatro horas antes de acostarse. Este margen permite que el cuerpo procese los líquidos sin generar interrupciones innecesarias durante la noche.

Esto no significa eliminar por completo el agua del dormitorio. Si aparece sed intensa o si es necesario tomar medicación nocturna, Harris sugiere limitar la cantidad a un máximo de 230 ml.

Tomar más de día, dormir mejor de noche

Una estrategia sencilla es beber agua apenas al despertarse, lo que ayuda a compensar la deshidratación nocturna y reduce la sed al final del día. Mantener una hidratación constante durante la mañana y la tarde permite llegar a la noche sin necesidad de grandes cantidades de líquido.

El equilibrio está en escuchar al cuerpo, pero también en anticiparse: hidratarse bien durante el día es una de las claves menos conocidas para dormir mejor.


💬 ¿Sos de tomar agua hasta último momento o preferís cortar temprano para dormir de corrido?

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