La única forma de que el artista paraguayo se destaque es…

Víctor Morel, músico, productor y amante del jazz, asegura que los artistas paraguayos no solo son buenos sino que por naturaleza deben apuntar siempre a la excelencia para conseguir sobresalir a nivel internacional y en la escena local. Esta exigencia se refuerza debido al escaso apoyo público para fomentar la expresiones artísticas, manifiesta en esta entrevista.

También relata los detalles del vinilo lanzado en conmemoración del maestro Ángel «Palito» Miranda, referente de la escena del jazz paraguayo que se destacó más allá de nuestras fronteras.

– Si hay algo que tiene el jazz es que es un estilo musical “de nicho” y en nuestro país la escena es todavía más pequeña aunque de muy buena calidad ¿cómo está el jazz en Paraguay?

Hoy el jazz en Paraguay está gozando de una increíble visibilidad porque ya se puede hablar de gente, de músicos, que se meten. Es un género que habitualmente se lo conoce como música de ambiente, entonces se contrataban músicos de jazz para ambientar eventos sociales o cosas así.

Hoy en día los músicos están emprendiendo proyectos propios, lanzando discos y hay festivales importantes como el AsuJazz que es un emprendimiento nacido de la municipalidad, entonces hay una inversión de parte de la comuna. Antes de la pandemia capaz no contrataban músicos de jazz, pero hoy sí.

Está con una buena visibilidad y siempre que está en constante crecimiento porque hay músicos que están girando internacionalmente de forma importante. Esta creciendo, capaz no pueda decir de forma masiva, pero sí en calidad de manera increíble a la par de cualquier escena internacional como las de Sao Paulo o Buenos Aires.

– Hubo un tiempo en el que si eras músico en Paraguay podías dedicarte al folklore o a la música tropical, pero de un tiempo a esta parte se ha dado que diversos géneros, entre ellos el jazz, fueron creciendo mucho.

Ese también es otro punto que nos diferencia de una generación anterior, eso sin querer emitir juicio de valor alguno. Entre ellos está por ejemplo mi padre. Hubo una generación que entre los ‘80 y ‘90 siendo músicos de jazz influenciaron en otros géneros a nivel local.

Ñamandú tenía músicos de jazz, los proyectos de rock o de orquestas bailables como Los Afterman, tenían músicos de jazz. Por ejemplo, Jorge “Lobito” Martínez integraba ese grupo: Rolando Chaparro se relacionaba con la escena del jazz. Otros grandes músicos de la escena llamaban a sesionistas de jazz.

Entonces, en esa época era como que eran músicos de jazz pero para ganarse la vida significaba tocar otros géneros, entonces como que se tenía que dejar de lado lo que nos apasionaba que era tocar jazz por meterse en otros tipos de géneros para subsistir. Hoy en dia ya no pasa eso, los músicos se meten en la escena y tocan exclusivamente jazz o música instrumental netamente.

Eso me parece positivo, porque ya se puede ver como una salida rentable a dedicarse exclusivamente al género. Yo tengo la bendición de que siempre me preguntan que tipo de música hago y puedo decir que solo hago jazz y música instrumental.

– En todo este escenario ¿qué papel jugó Ángel William “Palito” Miranda?

Palito Miranda fue un visionario de la escena del jazz nacional y de la música instrumental paraguaya. Mucho tiempo vivió y se formó en Sao Paulo, se nutrió de esa escena, lo que fue importantísimo porque fue docente en el Conservatorio de Tatuí. Volvió a Paraguay, invirtió su tiempo en la formación, después regresó otra vez a Sao Paulo para ejercer la docencia y los últimos tiempos se dedicó netamente a la docencia en el Conservatorio Nacional de Música.

Él fue quien influyó para que existiera un intercambio cultural entre estudiantes de música del Conservatorio de Tatuí, para que vinieran a Paraguay y que, de hecho, muchos de esos músicos se hayan quedado hasta hoy día y estén destacando en diferentes grupos. Hizo que músicos paraguayos vayan a Sao Paulo a formarse.

En 1996 lanzó este disco que es muy importante para la escena cultural, no solo musical, sino cultural en general. Lanza un disco que se llama Polka Blues donde plasma un poco la visión que tiene el de la música instrumental paraguaya y de fusionarla con el jazz. Digo visionario porque en ese entonces era uno de los primeros que, en un país donde recién hoy se puede hablar de una industria musical, lanzaba disco, grababa al igual que Lobito (Martínez).

Era uno de los pioneros en ese sentido, antes no había nadie que grabara discos de jazz netamente.

– ¿Qué se puede encontrar en este vinilo que sacaron?

Justamente es un homenaje a su vida, a la vida de Palito. La idea en formar este ensamble era un poco reflejar la visión artística del maestro, primero, en cuanto a su visión musical. El era muy fanatico de las Big Bands de Jazz y a la par también estos pequeños combos de jazz, tipo quintetos, con los que giró por Argentina, Chile y Brasil, difundiendo la música instrumental paraguaya y el jazz a su forma de ver.

El repertorio está hecho en base a lo que hacía con las big bands y con estos pequeños combos de cinco músicos. El ensamble es tipo un intermedio entre que sea un combo pequeño y una gran orquesta, entonces la idea es reflejar esas dos vertientes artística o musicales que tenía él. Interpretamos grandes compositores de Big Bands a nivel internacional como Glen Miller y George Gershwin que son compositores de gran influencia para el jazz a nivel universal. A la par también, su gran influencia brasilera, tocamos un tema de Rique Pantoja que es un gran pianista de una agrupación que se llama Cama de Gato de Brasil.

Lo principal, obviamente, es tocar música instrumental paraguaya. Tocamos arreglos de grandes compositores paraguayos como Herminio Gimenez.

La idea de este proyecto era que todos los integrantes que formaran parte hayan sido parte de la vida artística de Palito de alguna forma. Todos tienen de alguna forma contacto con su vida artística.

Se van a poder encontrar con músicos de excelente calidad que se destacan dentro de la escena musical nacional y con estos arreglos especiales que se hicieron.

– En tu caso particular, el jazz es una cuestión casi de genética…

Sí, se da por la influencia de mi padre, Toti Morel, que es un baterista que tocaba con Palito, es de la generación de Jorge “Lobito” Martínez, uno de los grandes pianistas de jazz de nuestro país. A los cinco años me regaló mi primera batería, justamente trajo de una gira por Buenos Aires que tuvo con Palito.

De ahí nace esta pasión por la música. No solamente de él, de esta cuestión genética como decís, sino de lo social porque convivía mucho con esto. Para mi, que mi papa viviera de la música luego era algo normal. Crecí con esta música, 24/7 alrededor de mi cabeza.

– Tu papá también ayudó mucho en la formación de otras personas en la música…

Totalmente, él fue uno de los que integró el grupo Pro Rock Ensamble, que fue uno de los grupos pioneros de rock nacional en lanzar un disco allá por 1983 y este año, en noviembre, se van a cumplir 40 años de ese lanzamiento. Esto influyó a toda la escena del rock nacional, en su desarrollo.

También como docente influyó muchísimo. Es uno de los fundadores del Conservatorio Nacional de Música, actualmente también está dentro de la carrera de licenciatura de música en la Universidad Nacional. Es un sesionista muy destacado en la escena.

– Antes era muy difícil que un músico paraguayo, salvo casos muy puntuales como Flores, Mangoré o Berta Rojas, tuviera destaque internacional. En base a lo que estábamos hablando ¿hoy es más posible pensar en “exportar” nuestra música?

Siempre se habla de nuestro país y su riqueza musical, dentro de esa riqueza destaca y está a la vista que la escena de músicos instrumentales ha enriquecido culturalmente a nuestro país por su calidad artística y de calidad increíble. José Asunción Flores, Agustín Barrios, luego podemos saltar a Lobito Martínez, Palito Miranda, Berta Rojas que se ha ganado un Grammy ahora desde su música instrumental.

Siempre, los músicos instrumentales de este país se han destacado por una excelencia artística a la par de cualquier otro a nivel internacional, aun con todas las desventajas que es vivir en Paraguay por la falta de infraestructura, apoyo, desarrollo escénico, etcétera. Eso necesita un granito de apoyo, empuje, a nivel público y privado para que sea mucho más cotidiano ver a artistas nacionales que puedan salir afuera.

– Decías que falta apoyo ¿existe hoy algún apoyo estatal para el desarrollo de la música en Paraguay?

Existe, pero no de forma sistemática. Hay fondos concursables que uno puede aplicar como el Fondec y otros, pero la inversión que tienen esos fondos para los artistas puedan acceder es casi irrisorio como para que tenga un impacto de mediano o largo plazo y dentro de la escena es otra vez mucho menor.

Eso salta a la vista con el solo hecho de mirar la discografía nacional. Justamente un señor que llamaba por el vinilo desde Ciudad del Este se lamentaba de lo difícil que es acceder a material discográfico en nuestro país y contaba que se tenía que rebuscar inclusive para conseguir discos de Los Paraguayos, Luis Alberto del Paraná, discos que se producían bajo grandes sellos discográficos internacionales como Sony o Phillip. Eso no tuvo continuidad por parte del Estado para que la música nacional tenga un impacto mucho más masivo como hoy se podría dar.

Hoy en día a nivel institucional se está promocionando que la guarania sea declarada como patrimonio universal y hay un trabajo enorme que hacer como para que esa música acá nomás se escuche.

Siempre todo recae en el esfuerzo del artista. El artista paraguayo no es que tiene que ser bueno, por naturaleza se va a la excelencia porque es la única forma de que nos destaquemos en nuestro país y afuera, por algo Agustin Barrios y José Asunción Flores se destacaron de forma excelente a nivel internacional y después recién tuvieron impacto a nivel nacional.

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