Un grupo de vecinos alza la voz por su arroyo

Vecinos de Itapúa denuncian la contaminación del arroyo Poti’y y exigen respuestas

A veces, la defensa del ambiente no empieza en un despacho oficial, sino en un grupo de vecinos que decide no mirar para otro lado. Es lo que ocurre en Itapúa, donde la Coordinadora de Defensa del Poti’y, un grupo ciudadano y apartidario, se organizó para reclamar por el estado del arroyo y subembalse Poti’y, un curso de agua que separa los distritos de Cambyretá y Encarnación.

Su mensaje es de alarma, pero también de compromiso: entienden que el agua que los rodea es un patrimonio común y que cuidarla es una responsabilidad de todos. Por eso salieron a pedir la atención de las autoridades antes de que, según advierten, sea demasiado tarde.

La denuncia de la coordinadora

De acuerdo con la coordinadora, el Poti’y presentaría un grado de deterioro que no siempre resulta evidente a primera vista. «Cuando uno ve a simple vista no se puede observar la problemática, pero cuando mira de arriba y hay sol, se ve totalmente contaminado conjuntamente con el (arroyo) Santa María», describió Pablo Villalba, presidente del grupo, quien habla de un aspecto de «lago verde» visible especialmente desde una perspectiva aérea.

Conviene subrayar que se trata de una denuncia ciudadana: la nota que la difunde no incluye, por ahora, una evaluación oficial que confirme el diagnóstico ni identifica las causas puntuales del supuesto deterioro. La coordinadora reclama, justamente, que se investigue y se determine qué está ocurriendo.

Una advertencia sobre el futuro del agua

El planteo de los vecinos incluye una proyección preocupante. Según Villalba, de no adoptarse medidas urgentes, ambos cauces tendrían «una vida útil de entre 3 a 5 años», un horizonte que —siempre de acuerdo con la coordinadora— dejaría a Encarnación ante el riesgo de convivir con lo que definió como «una cloaca a cielo abierto en plena ciudad».

Son advertencias formuladas por el grupo ciudadano, no conclusiones técnicas confirmadas. Pero funcionan como una señal de alerta que la coordinadora busca instalar en la agenda pública antes de que el problema, si se confirma, se vuelva irreversible.

Un reclamo que busca respuestas

Más que señalar culpables, la coordinadora pide actuar. Entre sus reclamos figura la intervención urgente de las autoridades competentes y, de manera expresa, la participación de la Entidad Binacional Yacyretá (EBY) en la búsqueda de soluciones. Para dar peso a su pedido, el grupo ya llevó el tema a la Junta Departamental, emitió un comunicado y difundió su preocupación en redes sociales.

Hasta el momento, el planteo no cuenta con una respuesta pública de las instituciones mencionadas. Ese diálogo pendiente —entre la comunidad que alerta y las autoridades que deben responder— es, quizás, el próximo capítulo de esta historia.

Cuando la ciudadanía cuida lo común

Más allá del desenlace técnico, hay algo valioso en el fondo de esta movilización: vecinos que se organizan, se informan y exigen para proteger un recurso que consideran de todos. El agua no reconoce límites entre distritos ni entre veredas; es, por definición, un bien compartido. Y su cuidado, como demuestra la Coordinadora de Defensa del Poti’y, también puede empezar en la propia comunidad.

El futuro del arroyo dependerá, en buena medida, de que el reclamo encuentre eco y de que se realicen los estudios que confirmen el estado real del cauce. Mientras tanto, la voz de estos vecinos deja una enseñanza que trasciende Itapúa: cuidar el ambiente empieza por prestarle atención, aun cuando el problema no se vea a simple vista.


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