Fueron los jugadores de la albirroja ante los alemanes, imbuidos de esa garra guaraní que le dicen. Recuerdo cuando Diego Armando Maradona expresó en un video que había que tener cuidado con los paraguayos porque cuando se colocan el cuchillo entre los dientes son bravos, esta última frase repitió el mejor jugador del mundo de su época quien dijo tener sangre guaraní.
Por su parte, el avezado técnico de la selección, Gustavo Alfaro, ponderó a Messi, considerado el actual mejor jugador de fútbol del mundo, opinión con la cual discrepo en forma categórica, diciendo que lo hace grande su humildad más que su talento. Esto en relación a las tristemente célebres declaraciones de Chilavert con respecto al técnico y los paraguayos. Miren, si yo fuera futbolista haría todo lo posible para nunca “chutar” un penal, menos en las condiciones que le tocó al equipo nacional el lunes pasado. Errar como lo hizo Jonathan Tah supondría un peso insoportable para mí. Pero hablar en vez de callar como lo hizo el ex arquero albirrojo, lo deja en un “orsay” histórico de aquí a Groenlandia que lo marcará por el resto de sus días, porque el día lunes 29, mal que le pese, fue el día del arquero, pero de Orlando Gill. Si yo fuera él, iría a vivir con los esquimales y nunca regresaría a no ser que se humille y pida perdón de rodillas.
¡Por Dios! y gracias a Dios por ese episodio épico de la historia del fútbol paraguayo, rogaba no despertar si era un sueño porque no se puede negar que lo parecía, no porque uno era favorito y el otro pan comido, sino por la envergadura de la hazaña de los atletas gladiadores que despertó la admiración del mundo. Suena en mi cabeza la voz del presidente Santiago Peña en esa promoción sobre nuestro país en la cual dice que somos grandes. Hay que reconocer su parte también, su apoyo fue incondicional y permanente, así como lo fue el que dio Nelson Mandela a la selección de Rugby sudafricana, la cual, conquistó el título mundial del hidalgo deporte en forma invicta en 1995.
Y sí, soy rugbista, deporte que amo y lo practiqué, también fui albirrojo y tuve el honor de jugar contra los Springboks, selección sudafricana, actuales bi-campeones del mundo y aún contra dos sobrevivientes del accidente de los Andes del equipo charrúa en el torneo sudamericano de 1982, Carlos Cervino, ala y capitán y Orlando Vicentín, segunda línea. Nobleza obliga, equipo capitaneado por Enrique Riera Escudero, actual ministro político y Gustavo Leite, último embajador paraguayo ante USA. Ambos, excelentes jugadores. Ese año fue campeón el equipo anfitrión merecidamente ya que tenía un plantel fabuloso y no participaron “Los Pumas”, la imbatible selección argentina de rugby.
No soy el más indicado para opinar sobre el hermoso deporte rey, pero la hazaña de nuestros “Gladiadores” superó todo límite y fue transversal, más allá del ámbito deportivo, fabuloso proyecto internacional más que exitoso del Paraguay.
Shabat Shalom.
Escrito por El Padrino
Raúl Melamed

