Los acrocordones son benignos y no son verrugas
Esas pequeñas «bolitas» blandas y colgantes que aparecen en el cuello, las axilas o los párpados tienen nombre: se llaman acrocordones. Son muy comunes, sobre todo a partir de cierta edad, y aunque muchas personas las confunden con verrugas, no lo son.
Qué son y dónde aparecen
También conocidos como fibromas blandos o papilomas cutáneos, son pequeñas protuberancias del color de la piel o algo más oscuras, unidas por un tallito fino, que pueden medir desde milímetros hasta algún centímetro. Suelen salir en zonas de roce y humedad: cuello, axilas, párpados, ingle, debajo de las mamas y el torso. Según el dermatólogo Jorge Romaní De Gabriel, se trata de crecimientos benignos, no contagiosos, que no pueden volverse malignos.
Por qué aparecen
La causa exacta no está del todo clara, pero hay factores que aumentan su aparición: la edad (son más frecuentes después de los 30 o 40 años, y todavía más pasados los 50), el sobrepeso, el roce repetido de la ropa o la piel, los cambios hormonales como el embarazo, la diabetes y la predisposición genética.
Cuándo y cómo tratarlos
Al ser benignos, no representan un riesgo para la salud, por lo que su extracción suele ser por molestia —cuando rozan, se enganchan o sangran— o por motivos estéticos. En ese caso, el dermatólogo cuenta con varios métodos seguros: crioterapia (frío), electrocoagulación, extirpación, láser o ligadura. La elección depende del tamaño y la ubicación.
Lo que no hay que hacer
Los especialistas insisten en un punto: no conviene tratarlos en casa. No sirven los productos para quitar verrugas —porque no son verrugas— ni conviene cortarlos o atarlos por cuenta propia, ni confiar en remedios caseros. Lo recomendable es consultar a un dermatólogo, que además puede confirmar que efectivamente se trata de un acrocordón y no de otra lesión.
Fuentes: Idermic · Salud Mapfre.
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