Residuos históricos de otra época reaparecen y generan inquietud

El océano devuelve plásticos de los 60

En la playa de Howar Sands, en el archipiélago de Orkney (Escocia), voluntarios hallaron botellas y fragmentos plásticos con marcas de las décadas de 1960 y 1970, algunos con inscripciones que sugieren origen en Canadá. El caso, fechado el 25 de febrero de 2026, expone la persistencia extrema de la contaminación marina.

De 42 botellas a cientos: el salto que encendió alarmas

Lo que era una limpieza dominical manejable cambió de escala. Los organizadores registraron que de 42 botellas recolectadas en 2025 se pasó a cientos en 2026. La jornada habitual se transformó en la recolección de cientos de objetos y miles de microfragmentos.

El hallazgo de envases con fechas de los años 60 y 70 confirmó que los residuos pueden atravesar océanos durante décadas antes de llegar a la costa. Parte del material presenta inscripciones que apuntan a Canadá, reforzando la idea de viajes transoceánicos prolongados.

Microplásticos invisibles: 300.000 piezas en 70 m²

El mayor desafío no son los envases grandes. En apenas un metro cuadrado se contabilizaron miles de fragmentos de poliestireno, difíciles de retirar y fáciles de ingerir por aves y peces.

En una superficie de 70 metros cuadrados se estimaron más de 300.000 piezas pequeñas. Cada temporal renueva el problema, convirtiendo las limpiezas en una carrera desigual frente a una contaminación que reaparece.

Tormentas y vertederos costeros: la basura enterrada regresa

Especialistas atribuyen el fenómeno a vientos intensos del sureste y tormentas estacionales, capaces de remover sedimentos y arrastrar residuos antiguos hacia la costa.

La Marine Conservation Society advierte que la erosión de vertederos costeros también puede liberar plásticos enterrados hace décadas. Así, materiales considerados “del pasado” vuelven al circuito marino.

En Sanday, donde se ubica Howar Sands, la preocupación va más allá de lo estético. La playa es un sitio de especial interés científico por la anidación de aves, por lo que la presencia de plásticos implica riesgos directos para la fauna.

400 a 500 años: la larga vida del plástico

Una botella plástica común puede tardar entre 400 y 500 años en degradarse, aunque no desaparece por completo. En el ambiente marino, el material se fragmenta por acción del sol y las olas, convirtiéndose en microplásticos que persisten y pueden incorporarse a la cadena alimentaria.

El poliestireno expandido, presente en grandes cantidades en Orkney, puede desintegrarse en millones de partículas microscópicas y permanecer durante siglos en sedimentos y aguas.

El caso de Orkney refuerza una advertencia científica: lo que se descarta hoy puede regresar a las playas dentro de décadas, impulsado por corrientes y tormentas. Las limpiezas comunitarias son fundamentales, pero insuficientes sin una reducción global del consumo de plásticos.


¿Te imaginabas que residuos de los años 60 podrían volver a la costa más de medio siglo después? 🌊💬

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