Deshielo antártico reactiva pesticidas prohibidos hace décadas

Deshielo que despierta contaminantes del pasado

El hallazgo, publicado en la revista Science of The Total Environment, detectó contaminantes orgánicos persistentes (COPs) en el fitoplancton y el krill del océano Austral. Según Thais Luarte, bióloga marina y autora principal del estudio, se identificaron restos de DDT, lindano, heptacloro y HCB, pesticidas prohibidos desde la década de 1980.
Estos compuestos llegaron a la Antártida transportados por el aire y atrapados por el frío. Con el calentamiento global y el deshielo, vuelven a liberarse. “Lo que estamos viendo es una contaminación secundaria. No son nuevos eventos, sino una liberación desde el pasado”, explicó Juan Höfer, investigador de la Universidad Católica de Valparaíso.

El efecto saltamontes y la trampa rota del hielo

Los científicos describen el fenómeno como un “efecto saltamontes”: los pesticidas se evaporan en zonas cálidas, se trasladan por la atmósfera, se depositan y vuelven a evaporarse hasta alcanzar los polos. Allí quedan atrapados en la nieve o el hielo, pero el calentamiento global rompe esa trampa.
“Es como si estuviéramos descongelando errores antiguos”, señaló Höfer. Esta reactivación amenaza la cadena trófica, ya que los COPs son disruptores endocrinos capaces de alterar la reproducción, el desarrollo embrionario y la conducta de los organismos, con impactos transgeneracionales.

De shampoo antipiojos a veneno polar

El estudio evidencia cómo productos cotidianos del siglo pasado dejaron una herencia tóxica. El lindano, por ejemplo, se vendía como tratamiento para piojos hasta los años 90. “Se aplicaba en la cabeza de los niños, sin saber que era neurotóxico. Y hoy está en el krill”, comentó Luarte.
El krill, base de la cadena alimenticia marina, transmite los contaminantes a peces, aves y mamíferos como las ballenas. Según Cristóbal Galván, del Centro de Genómica, Ecología y Medioambiente de la Universidad Mayor, este proceso de bioacumulación y transferencia trófica demuestra que la contaminación antártica puede repercutir en todo el planeta.
“La Antártida es un espejo: refleja nuestras decisiones globales”, afirmó Luarte.

Ciencia sin respaldo y esperanza en bacterias

El equipo también descubrió genes bacterianos capaces de degradar los COPs, una posible vía para la biorremediación polar. Aunque aún es una hipótesis, abre una puerta a soluciones naturales. “La biodegradación es una carrera contra el tiempo y vamos perdiendo”, advirtió Höfer.
Los investigadores coincidieron en la falta de un monitoreo científico sistemático. “Cada país mide lo que puede, cuando puede. No hay coordinación ni financiamiento estable”, señaló Galván.
Chile, pese a su experiencia antártica, no cuenta con una política de vigilancia ambiental robusta. “La Antártida no puede seguir dependiendo de la buena voluntad de los científicos”, sostuvo Luarte.
El estudio plantea una reflexión profunda: prohibir no es eliminar. Las sustancias prohibidas siguen circulando, y sus efectos pueden tardar décadas en desaparecer.


¿Sabías que el deshielo puede liberar químicos prohibidos hace más de 30 años? 🌍💭

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