En la Av. Mariscal López, a pleno mediodía, un conductor se mete donde no hay espacio “porque puede”. Gana medio auto, pierde dos minutos y deja a todos tensos. Esa mini escena se pareció a la mayor: creer que poder es lo mismo que elegir bien. Esta semana vimos cómo la soberbia —la que no admite límite ni consecuencia— no solo encandila; también desorienta la brújula de la decisión.
Por qué hablar de esto hoy
El Senado expulsó a una senadora tras audios que exponen reparto y cálculo de voluntades. Más allá de la pelea coyuntural, el espejo es íntimo: cuando confundo libertad con impunidad, dejo de elegir y empiezo a empujar. En paralelo, los “sobres” en la residencia oficial sumaron opacidad: sin procedimiento claro, el rumor reemplaza al criterio y el ánimo común se enrarece. Esa mezcla —soberbia + neblina— es la peor enemiga de la elección responsable.
“El libre albedrío o libre elección es la capacidad de los seres humanos de tomar decisiones autónomas, o sea, de elegir entre varias alternativas. Esto implica asumir la responsabilidad de las propias acciones.”
“La libertad, en un sentido básico, es la capacidad de actuar sin ser obligado y sin obstáculos; el libre albedrío es la capacidad de decidir o elegir y, eventualmente, llevar a la práctica la decisión tomada.”
La definición que sirve (y dónde se tuerce)
La palabra ayuda cuando cura confusiones. “El término proviene de las voces latinas liber (libre) y arbitrium (juicio).” No es menor: juicio. “El ejercicio del libre albedrío requiere poner en juego ciertas facultades, como la de representarse posibilidades y argumentar los pros y los contras.”
Dicho sencillo: libertad es que no te empujen por fuera; libre albedrío es que no te empujen por dentro. La soberbia tuerce justamente ahí: desoír la medida, ignorar la regla y creerse por encima de la consecuencia. “La adopción de una u otra postura (determinismo o azar) tiene implicancias éticas, psicológicas y jurídicas.” En cristiano: lo que elijas hoy te define mañana, en carácter y en responsabilidad.
“Las nociones de libre albedrío y de libertad están estrechamente relacionadas, pero no son lo mismo.” Y cuando se compra o se intimida la voluntad, deja de decidir la conciencia y pasa a mandar el incentivo del momento. Ahí ya no hay libre albedrío: hay transacción.
Dos luces y un límite claro
1) Elegir no es “porque puedo”, es “porque corresponde”.
Votar, firmar, dictaminar, compartir: cada acto es una elección que te compromete. Si hay plata, miedo o “favor”, la decisión cambia de dueño. La soberbia se nota cuando dejamos de pedir medida para lo propio.
2) El marco cuida la libertad de todos.
Procedimiento, registro, auditoría: suenan burocráticos, pero son el guardarraíl de la libertad. Sin marco, decide el más ruidoso, y el costo lo pagan los que cumplen.
Límite — La regla no humilla, endereza.
Frenar a tiempo salva el viaje. “El libre albedrío es una capacidad exclusiva del ser humano.” Si podemos medir antes de actuar, también podemos corregir a tiempo.
Modo práctico (bien simple)
Pausa de 60 segundos + un dato + tu firma.
Antes de reaccionar hoy:
— Pausa: bajás un punto el pulso.
— Dato: pedís un dato verificable.
— Firma: decís “esto elijo y me hago cargo”.
Eso es libre albedrío sin soberbia.
Para pensar
¿En qué decisión de esta semana te animás a frenar un minuto para elegir con regla y sin soberbia?
Kalós
Reflexionando sobre carácter, diálogo y vida cívica.
