Funcionarios del Congreso intervinieron para evitar que el altercado se convirtiera en un enfrentamiento físico más grave.
El senador Dionisio Amarilla, también intentó calmar los ánimos, mientras que Kattya González se lanzó en una defensa verbal hacia Nakayama.
La escena se convirtió en un caos de acusaciones y defensas, donde cada senador parecía tener su propio guión.
Recuerdos de altercados pasados
Este incidente nos recuerda a otros momentos estelares del Congreso paraguayo.
Desde el enfrentamiento físico entre Enrique Riera y Paraguayo Cubas en 2019, hasta el «duelo acuático» entre Juan Carlos Galaverna y Payo Cubas.
El espectáculo entre Riera y Cubas, fue captado por periodistas y la transmisión oficial de Congreso.
Paraguayo Cubas, un personaje recurrente en estos episodios, ha demostrado ser un maestro en el arte de la controversia.
Desde agredir a un juez con su cinturón hasta amenazar con quemar el Congreso, Cubas ha sabido cómo mantenerse en el centro de la atención mediática, aunque no precisamente por sus logros legislativos.
Hace unos años, durante una reunión de la Comisión de Asuntos Constitucionales, Cubas agredió verbalmente al comisario Aurelio Marín, al ministro del Interior de ese momento, Juan Ernesto Villamayor, y, cómo no, al senador Fernando Lugo.
Fernando Lugo, en una reacción que nos recordó a los mejores diálogos de telenovela, llamó a Cubas «tarado». Esto, por supuesto, solo añadió leña al fuego, llevando a Cubas a intensificar su «estrategia de hidratación» contra Lugo, derramándole agua.
Entre vasos de agua y comentarios agresivos, Cubas nos demostró que en el Congreso, el agua es más que un recurso vital: es un arma de debate.
Parece que el Congreso no solo legisla, sino que también entretiene con sus episodios de confrontaciones físicas y verbales.
De lo político a lo personal
En abril de 2023, el debate sobre un préstamo gubernamental en la Cámara de Diputados se convirtió en un cruce personal entre Kattya González y Rocío Abed.
Lo que comenzó como una discusión sobre finanzas terminó en acusaciones sobre la vida personal y preferencias amorosas.
Kattya González, no se anduvo con rodeos al criticar el préstamo de 195 millones de dólares destinado al sistema de agua potable y saneamiento en Alto Paraná.
Con una mezcla de ironía y desdén, González sugirió que el préstamo era un mero truco para financiar la campaña del Partido Colorado.
«Dejen de elegir cachivache y carruaje», exclamó, refiriéndose a sus colegas como si fueran personajes de una obra de teatro de baja categoría.
Como en todo buen drama, no faltó la respuesta de la diputada Rocío Abed. Lejos de quedarse callada, Abed lanzó una acusación cargada de sarcasmo: «Aquella que quiso ser poliamor porque era progre e interesante… Poliamor para no llamarle promiscua».
La acusación de Abed no fue un comentario al azar, sino una referencia a declaraciones previas de González en 2021 sobre el poliamor y la fidelidad.
En un acto de audacia verbal, González no se dejó intimidar y cerró el intercambio con una declaración que dejó a todos boquiabiertos: «Seré muy promiscua, pero no seré una robamaridos».
Esta frase, más propia de un guión de cine que de un debate parlamentario, es un claro ejemplo de cómo en la política paraguaya, a veces, lo personal parece pesar más que lo político.
Mientras los ciudadanos esperan soluciones concretas a problemas reales, sus representantes parecen más interesados en el drama y el sarcasmo que en el bienestar público.