En el primer semestre de 2023, la Fiscalía General ha reportado un alarmante número de 1.708 denuncias relacionadas con abuso sexual infantil. De estas, la mitad se concentra en Asunción y el departamento Central, siendo estos los lugares con mayor incidencia de estos lamentables hechos.
Según los datos proporcionados, el departamento Central lidera la lista de denuncias, seguido de Asunción, Alto Paraná, Itapúa y Caaguazú. Estas cifras se traducen en un promedio de 9 denuncias diarias, lo que refleja la gravedad de la situación.
El mes de junio registró el pico más alto con 346 denuncias, seguido de mayo con 314. Los meses subsiguientes presentaron cifras también preocupantes: marzo con 290 casos, enero con 271, abril con 248 y febrero cerrando con 239 denuncias.
Sady Pavetti, directora del Centro de Atención a Víctimas del Ministerio Público, destacó que muchas de las denuncias se originan después de que las víctimas participen en charlas formativas. Estos espacios educativos brindan información sobre qué constituye un abuso, permitiendo a las víctimas reconocer y denunciar los hechos. Al estar informadas, las víctimas están en una mejor posición para reconocer y denunciar cualquier acto inapropiado que hayan experimentado.
Un dato aún más perturbador es que la mayoría de estos abusos ocurren dentro del núcleo familiar, esta cercanía con el agresor puede hacer que la víctima sienta miedo o vergüenza, lo que a menudo resulta en un silencio prolongado. El comportamiento de una víctima de abuso puede variar ampliamente. Algunas muestran signos evidentes de trauma, como cambios en el comportamiento, retraimiento o pesadillas recurrentes. Otras pueden ocultar sus emociones y parecer que todo está bien, a pesar de su sufrimiento interno.
Las víctimas de abuso, en muchos casos, optan por confiar en personas ajenas a su entorno para revelar estos eventos traumáticos.
Es esencial estar atentos a cualquier cambio en el comportamiento o actitud de un niño, ya que podría ser una señal de que algo no está bien. Además, debemos entender que reconocer un caso de abuso no siempre es sencillo. Las señales pueden ser sutiles, y el abusador a menudo manipula a la víctima para mantenerla en silencio. Los victimarios suelen ser individuos en quienes la víctima confía, lo que complica aún más la situación. Estos agresores pueden utilizar tácticas como la intimidación, el chantaje o incluso regalos para asegurarse de que la víctima no revele el abuso.
Este panorama refuerza la necesidad de fortalecer las medidas de prevención, educación y atención a las víctimas, así como de sancionar con rigor a los responsables de estos actos atroces. Es fundamental educar a los niños sobre lo que es un comportamiento adecuado y alentarlos a hablar si algo les hace sentir incómodos.
