Un ministerio complicado

Por Mario Ferreiro

Ahora que Enrique Riera fue nominado por Santiago Peña como futuro Ministro del Interior, uno se pone a remover sus propias memorias y encuentra que el cargo siempre ha sido objeto de duros cuestionamientos, no pocas polémicas y ha marcado la vida de miles de personas, para bien o para lo otro.

En mi caso particular, -como hijo de padres que volvieron del exilio-, fue una experiencia singular compartir lindero con la residencia de, nada menos que, el recordado ministro del interior de Stroessner, Edgar L. Ysnfrán, un hombre de gran formación intelectual, pero también temido por sus prácticas políticas bastante más que rigurosas. Luego el rubio lo fletó, dicen que por celos ante el inminente ascenso político de su ministro, y lo reemplazó por el no menos impetuoso “gordito” Sabino Augusto Montanaro, aquel que no tenía empacho en declarar que a la oposición había que aplicarle “tuerca, tuerca, tuerca”.

Por definición el cargo conlleva tareas complejas y en algunos casos hasta aparentemente contradictorias, ya que se le asigna la coordinación política del Estado, -casi un primer ministro-, pero al mismo tiempo recae sobre él, la alta responsabilidad de garantizar y proveer la seguridad interna del país, movedizo terreno en el que debe lidiar con nuestra siempre complicada policía nacional.

Ya en democracia el cargo perdió algo del peso represivo que tuvo en dictadura y se convirtió en un fusible, que no tardó en saltar cada vez que se recalentaban los reclamos sociales u ocurría alguna gran tragedia, como los graves sucesos de Curuguaty en junio de 2012, cuando Carlos Fillizzolla era ministro del interior. Aquella matanza se llevó puesto al primer y último gobierno de alternancia experimentado por nuestro país en los últimos 80 años.

Unos meses antes Fernando Lugo había demitido por mensaje de texto al antecesor de Carlos, su primo Rafael, que además ha tenido que lidiar durante años con los castigos políticos y jurídicos que generalmente se aplican a los opositores que osan con ocupar esos cargos, históricamente pertenecientes a la casta de la ANR. Ellos castigan duro cuando se les quita por un rato el poder.

Claro que en todo este periodo post-dictatorial el cargo tuvo una gran variedad de exponentes: Rogelio y Osvaldo Benítez, Juan Ernesto Villamayor, incluso opositores en gobiernos colorados, como los casos de Francisco José de Vargas hijo, Arnaldo Giuzzio y el propio Euclides Acevedo, un viejo zorro de la política que saltó de ese lugar a la cancillería y terminó como candidato presidencial.

Hubo de todo, desde un Walter Bower ejerciendo el cargo en su peculiar estilo y diciendo públicamente que no podía garantizar la realización de la Copa América en nuestro país en 1999, hasta un Federico González, -el ministro actual-, que soportó a pie juntillas los duros epítetos que le propinó el gobernador Ronald Acevedo de Amambay, ante el asesinato de su hermano José Carlos en mayo del año pasado.

Lo cierto es que, -al mismo tiempo que apetecible, por el enorme poder que otorga-, el cargo de ministro del interior es siempre un hierro caliente que cuesta sostener entre las manos por mucho tiempo. No todos pudieron salir indemnes de ese quemante sitio y algunos, como el propio Montanaro, terminaron sus días entre el exilio y la cárcel; mientras que otros han sido condenados, como el caso de Vargas, quién espera el resultado de los recursos jurídicos que ha interpuesto.

Por todo ello, el nombramiento de Enriquito, -como le decíamos en el barrio hace medio siglo-, genera opiniones divididas. Y aunque es cierto que siempre se intenta otorgar el beneficio de la duda positiva, los antecedentes históricos de esa responsabilidad no ayudan mucho.

Aun así le deseamos suerte, como en aquellas épocas en las que jugábamos inocentemente con nuestros autitos de juguete, mientras nuestros padres, Don Enrique Riera y Don Marcelino Ferreiro, se desvelaban y conspiraban día y noche con la ilusión de deshacerse del dictador Alfredo Stroessner.

MF

 

Descubre más desde El Paraguayo Independiente

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo