Por Mario Ferreiro
El Día de la Independencia de los Estados Unidos, es el feriado nacional que se celebra el 4 de julio en los Estados Unidos de América. Este día marca la firma de la Declaración de Independencia en 1776, en la cual el país proclamó su separación formal del Imperio británico. Usualmente se celebra con muchas actividades al aire libre como desfiles, partidos de béisbol y espectáculos de fuegos artificiales. Es la fecha tradicional de ferias, carreras y eventos típicos de cada comunidad. En realidad, los norteamericanos festejan este día con más entusiasmo que la propia navidad o el año nuevo.
Me tocó estar un 4 de julio de 1981 en la Universidad Estatal de Wichita para comprender a cabalidad lo que esta fecha significa para los norteamericanos: una verdadera celebración de la diversidad, el trabajo duro y las gestas heroicas que hicieron grande a esta nación. El patriotismo de los yanquis, -como los llamamos erróneamente en Latinoamérica-, tiene que ver con el orgullo profundo que sienten sus hijos por lo que han conseguido desde aquella gesta emancipadora del Imperio Británico hasta hoy. Un país inmerso en sus propias contradicciones y grandes problemas, pero con una población admirable, que siempre se ha sobrepuesto a los más duros desafíos.
Hay que andar por esos caminos rurales de Kansas, Nebraska, Oklahoma, Iowa, Nuevo Mexico o Luisiana para entender el alma de ese pueblo sufrido, que ha superado una gran guerra civil, aunque sigue luchando hasta hoy contra los rebrotes de racismo y discriminación. EEUU es el país del hombre en la luna, pero también el que asesinó sucesivamente, en menos de dos décadas a los Kennedy, Martin Luther King Jr., Malcom X y John Lennon.
Crisol de razas y culturas, uno nunca deja de descubrir la suma de influencias culturales sobre las que se ha edificado la gran nación del norte: desde las migraciones europeas de los siglos 18 y 19, pasando por la fuerte influencia oriental en la costa oeste, hasta llegar a la espectacular migración latina, que hoy abarca prácticamente el 25 por ciento de su población y sus costumbres.
Claro que también EEUU es el país que debe pedir muchas disculpas, como lo hizo recientemente el embajador de ese país en Paraguay, cuando hizo referencia a los errores cometidos en el pasado. No olvidemos que los EEUU fueron los que protegieron y alentaron la gran represión de los gobiernos dictatoriales de Latinoamérica en los años ’70, incluyendo el siniestro Plan Cóndor y la famosa formación de torturadores en la Escuela de las Américas.
Así y todo, cuando uno conoce al pueblo norteamericano puede entender en toda su dimensión la complejidad de ese territorio en el que conviven razas y culturas diferentes, unidas sin embargo tras un mismo objetivo: el logro del bienestar general. Bandera del capitalismo a nivel mundial, EEUU sin embargo nos muestra el ejemplo del trabajo colectivo y sus grandes fábricas reparten utilidades entre sus operarios, algo que sería tildado de izquierdas en nuestros países, siempre tan conservadores y miserables.
Por todo ello saludamos a una gran nación. EEUU, por encima de todos sus errores y abusos, sigue siendo The Land Freedom, Home of The Brave, amparo y reparo de miles de paraguayos que encontraron en esa tierra lo que su país no fue capaz de darles: oportunidades de trabajo y crecimiento personal. Cada testimonio de los compatriotas que han logrado salir adelante en esa tierra lejana, nos debe servir como ejemplo de lo que una Nación debe ser capaz de brindar a todos sus habitantes por igual.
No soy pro ni anti yanqui. Ya estoy un poco grande para ese tipo de cosas. Solo veo y comento a vuelo de pájaro una historia enorme que hoy cumple 247 años de vida independiente. Y no puedo dejar de sentir admiración y en cierta forma envidia.
Por eso simplemente digo: God Bless America!
MF
