Por Mario Ferreiro
Los dramas del PLRA no son nuevos. El histórico partido de Eligio Ayala y el Mayor Eduardo Vera soportó numerosas crisis desde que fue creado como Centro Democrático el 10 de julio de 1887. Sus fundadores fueron Antonio Taboada, Cecilio Báez y José De la Cruz Ayala, para ser refundado en 1978 en la clandestinidad por Domingo Laíno. Sus facciones internas han protagonizado disputas y rupturas, tanto en ejercicio del gobierno como en la oposición, recordándose especialmente aquella enorme grieta abierta en épocas de la dictadura de Alfredo Stroessner.
El Partido Liberal llegó al poder tras la Revolución de agosto de 1904, encabezada por el presidente del Directorio, Benigno Ferreira, apoyada por los brasileños, por el gobierno argentino conservador y pro-británico de Manuel Quintana.
Desde ese entonces hasta el mes de febrero del año 1936, se mantuvo en el país una hegemonía de más de 30 años del Partido Liberal en la administración de la nación paraguaya, a excepción de un breve período desde el 28 de febrero de 1912 al 22 de marzo de 1912 cuando había asumido Pedro Pablo Peña, perteneciente al Partido Colorado.
Eusebio Ayala fue el último presidente liberal del período democrático; el mismo fue derrocado por un movimiento militar, lográndose posteriormente volver a tener dos presidentes liberales más, que fueron Félix Paiva y José Félix Estigarribia, el último de ellos con un gobierno de corte fascista, redactando la famosa Constitución de 1940, ajustada a esa línea política.
Luego de la derrota de la Revolución de 1947, varios grupos de liberales fueron perseguidos y asesinados por colorados, por orden del presidente Higinio Morinigo, ocasionando así la migración de miles de liberales al extranjero, junto a febreristas y comunistas, la mayoría a la Argentina.
Ya en los ’60 y ’70 uno recuerda denominaciones que iban desde Partido Liberal hasta Liberal Radical, Liberal Teete y finalmente el PLRA que conocemos hasta hoy. Por allí, en medio de esas disputas pasaron protagonistas de distintos sectores, como lo fueron los hermanos Levi Rufinelli, -de donde proviene aquella línea bautizada como Levirales-, también estaban los geniolitos y otros que pretendieron convivir con la dictadura, participando de las elecciones de la misma e integrando sucesivos parlamentos que no hicieron sino legitimar al régimen.
Sin embargo, desde 1978 a esta parte, el PLRA se convirtió en verdadera opción de cambio que supo lograr importantes victorias electorales en todo el país, reconquistando el poder nacional, como parte de una Alianza con otros sectores políticos, con el histórico triunfo obtenido el 19 de abril de 2008 con la dupla Fernando Lugo-Federico Franco.
Sin embargo, esa primavera de la alternancia no pudo completar el periodo, perdiéndose la gran oportunidad de lograr un cambio más duradero, al desplazase a Lugo del poder mediante juicio político en 2012, lo que dejó la pírrica victoria de un gobierno liberal de poco más de un año a cargo de Federico Franco, antesala de una nueva residencia de largos años del partido en la llanura.
Como resultado los colorados volvieron al poder y nunca más lo soltaron desde el 2013 en adelante.
O sea, las disputas internas del PLRA nunca generaron una mejoría de dicho partido ni fueron interpretadas por la población como un hecho positivo. Al contrario, esa permanente lucha interna no ha hecho más que ratificar la desconfianza atávica de la población en cuanto a que “los liberales no saben mandar”, una expresión bien paraguaya con la que se califica la capacidad de ejercer el poder, algo que la maquinaria colorada lo hace de memoria.
Así las cosas: el lamentable espectáculo del domingo pasado y la división subsecuente que vendrá, duelen hasta lo más profundo, porque ratifica el desmoronamiento final, no solo de un partido sino de toda la oposición. A partir de allí, -como en los grandes desastres naturales-, solo resta reconstruir todo desde los escombros. Dicha tarea llevará tiempo y sobre todo mucho sufrimiento. Mientras tanto, en la Junta de Gobierno, y en la avenida España, se elevan las copas para celebrar tamaño regalo bajado del cielo.
MF
