Un hallazgo arqueológico que desafía el tiempo
En el desierto de Judea, una región que fue testigo de milenios de historia, un equipo de investigadores logró revivir un árbol extinto, que permaneció dormido en forma de semilla durante más de mil años.
Este evento, que capturó la atención de la comunidad científica y ecológica, se originó en una excavación arqueológica a finales de los años 80 en Wadi el-Makkuk, al este de Jerusalén, cerca del mar Muerto. Allí, en medio de ruinas y restos antiguos, se halló una semilla que cambiaría la historia de la botánica y la biotecnología.
La semilla que volvió a la vida
Hace aproximadamente 14 años, un grupo de científicos israelíes, liderado por la doctora Sarah Sallon, decidió plantar la semilla milenaria sin saber su procedencia exacta ni su potencial. Sorprendentemente, germinó, y hoy, el árbol, bautizado como «Sheba», alcanzó los tres metros de altura.
Aunque aún no floreció, permitió estudios exhaustivos de su ADN, determinando que pertenece al género Commiphora, conocido por incluir especies como la mirra y el incienso, esenciales en la medicina y perfumería de la antigüedad.
Posible impacto en la medicina moderna
Los análisis de la resina y las hojas de Sheba revelaron 40 compuestos bioactivos de gran interés, especialmente los triterpenoides pentacíclicos, conocidos por sus propiedades antiinflamatorias y su posible uso como anticancerígenos.
Además, contiene escualeno, una sustancia antioxidante y con beneficios para la piel, lo que abre la puerta a investigaciones sobre aplicaciones en tratamientos médicos y dermatológicos. Este descubrimiento pone en relevancia cómo especies extintas podrían aportar soluciones a desafíos modernos de salud.
Un impacto ecológico sin precedentes
El resurgimiento de este árbol extinto es un hito en la botánica, y un recordatorio del poder de la biotecnología para la restauración de ecosistemas.
Revivir una especie perdida es un ejemplo de cómo la ciencia puede contribuir a recuperar biodiversidad, especialmente en regiones como el desierto de Judea, donde los ecosistemas sufrieron el impacto de la desertificación y el cambio climático.
Un legado milenario en el presente
La historia de Sheba nos recuerda cómo el pasado puede ofrecernos soluciones para el futuro. Los científicos sugieren que este árbol podría estar relacionado con el legendario “bálsamo de Galaad”, mencionado en textos antiguos por sus propiedades medicinales, aunque hasta ahora, no se encontró evidencia de los compuestos aromáticos que caracterizan al bálsamo.
A medida que avanza su crecimiento, los investigadores esperan poder confirmar o descartar su identidad exacta.
