Proeza: el proyecto que apoya a familias vulnerables para mitigar el cambio climático
Combatir la pobreza y frenar el cambio climático suelen presentarse como dos batallas separadas. Un proyecto paraguayo viene demostrando que, bien pensadas, pueden ser la misma. Se llama Proeza, y su apuesta es tan simple como poderosa: ayudar a las familias más vulnerables del país mientras se planta, literalmente, un futuro más verde.
Detrás de la sigla hay un nombre que resume su espíritu: Proyecto Pobreza, Reforestación, Energía y Cambio Climático. La iniciativa es coordinada por el Ministerio de Economía y Finanzas, cuenta con el financiamiento del Fondo Verde para el Clima y recibe asistencia técnica de la FAO, la agencia de las Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura.
Cuidar el ambiente y a la gente a la vez
La estrategia de Proeza combina tres herramientas que trabajan al mismo tiempo sobre el bolsillo, la salud y el bosque. La primera son los sistemas agroforestales, que integran la plantación de árboles con los cultivos de las familias, de modo que la tierra produzca alimento y, a la vez, recupere cobertura vegetal.
La segunda son las cocinas eficientes «Tata Piriri», que reducen el consumo de leña y la exposición al humo: menos árboles talados para cocinar y, de paso, menos enfermedades respiratorias en los hogares. Y la tercera es la reforestación con especies nativas, que devuelve al paisaje los árboles propios de cada región. Tres acciones distintas, un mismo resultado: comunidades más fuertes y un ambiente más sano.
Los números que enorgullecen
El alcance del proyecto impresiona. Proeza ya asistió a más de 4.000 familias en ocho departamentos de la Región Oriental —Concepción, San Pedro, Canindeyú, Caaguazú, Guairá, Caazapá, Itapúa y Alto Paraná—. Y hay un dato que le da un valor especial: alrededor del 80% de las personas participantes son mujeres, protagonistas muchas veces invisibilizadas del cuidado de la tierra y del hogar.
En el terreno, ese esfuerzo se traduce en algo tangible y enorme: más de 2,7 millones de árboles nativos plantados. Un bosque en construcción que absorberá carbono, protegerá suelos y fuentes de agua, y dará sombra y frutos a las generaciones que vienen.
Un modelo que mira al futuro
Proeza pone el foco donde más se necesita: en las comunidades campesinas e indígenas que viven en situación vulnerable y en mayor riesgo frente a los eventos climáticos extremos. En un país que ya siente el rigor de sequías, calores intensos e inundaciones, llevar herramientas de adaptación justo a quienes tienen menos margen para resistir es, quizás, la forma más justa de encarar la crisis climática.
La enseñanza que deja el proyecto es esperanzadora: cuidar la naturaleza no tiene por qué estar reñido con mejorar la vida de la gente. Cada árbol plantado es, al mismo tiempo, una familia con más recursos y un planeta un poco más sano. Y en esa coincidencia —la del bienestar humano con el del ambiente— tal vez se esconda el mejor camino hacia adelante.
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Más que excelente el proyecto