Senave y Senasa Perú intercambian certificados fitosanitarios sin papel
Hay decisiones que pasan inadvertidas en la calle pero cambian la lógica de un sector entero. Una de esas acaba de tomar forma entre Paraguay y Perú: desde el 1 de junio de 2026, los dos países pasaron a intercambiar de forma electrónica los certificados fitosanitarios que acompañan al comercio agrícola entre ambos. Adiós al papel de seguridad, los envíos por valija y las firmas físicas.
La medida la articularon el Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal y de Semillas (Senave) de Paraguay y el Servicio Nacional de Sanidad Agraria (Senasa) del Perú, dentro del marco de la Convención Internacional de Protección Fitosanitaria (CIPF). El cambio no es estético: agiliza trámites, reduce los riesgos de adulteración documental y baja la fricción para los exportadores e importadores de productos vegetales.
Qué cambia en la práctica
Hasta hace poco, cada cargamento que cruzaba la frontera con un producto vegetal —desde un contenedor de mango hasta una caja de arándanos— debía viajar con un certificado en papel emitido por el servicio sanitario del país de origen. Cualquier desprolijidad documental, demora en el correo o sospecha de adulteración podía detener la operación. Con el sistema electrónico, el certificado viaja de servicio a servicio, sin intermediarios, y queda registrado en bases oficiales de ambos países.
Qué productos pasan por este circuito
El intercambio cubre los principales productos agrícolas que ambos países se compran y se venden. De Perú hacia Paraguay entran, entre otros, arándanos y aguacates; en sentido inverso, desde Paraguay hacia Perú, viajan productos como sésamo, poroto, maní y mango. Lo que está en juego, en términos comerciales, es un flujo concreto y creciente para varios cultivos clave del agro paraguayo.
La voz oficial del Senave
Carmen Berni, directora general del Senave, sintetizó el espíritu del cambio en una frase: «facilitación al comercio, la simplificación de los trámites, sin necesidad de una cuestión presencial», según declaró tras la puesta en marcha del sistema. La funcionaria destacó también el lado de la seguridad documental: el formato electrónico, sostuvo, ayuda a evitar «que se adulteren los documentos», un problema histórico de los certificados en papel.
Lo que viene después: Brasil y Japón en la mira
Berni adelantó, además, hacia dónde apunta la estrategia. «Es nuestro siguiente interés, también estamos viendo con países de extrazona como Japón. Esperamos que con Brasil por lo menos se concrete este año», sostuvo. La lógica detrás de la apuesta es clara: cuantos más socios comerciales adopten el mismo sistema, más se reduce la fricción burocrática del agro paraguayo a la hora de colocar producto en el exterior.
Una tendencia regional que ya viene rodando
Paraguay no inaugura la idea: la suma. Argentina, Chile y Bolivia ya operan con sistemas electrónicos de certificación fitosanitaria, y la región empieza a converger hacia un mismo estándar digital. La incorporación al circuito común tiene un efecto adicional, según se desprende: ubica al país en el grupo de socios comerciales con infraestructura sanitaria moderna, un detalle que los importadores valoran a la hora de elegir orígenes.
Por qué un trámite digital importa en el campo
A primera vista, digitalizar un certificado parece un detalle administrativo. En la práctica, sin embargo, recorta días de demora en la cadena exportadora, baja los costos operativos y reduce el margen para errores o malos manejos. En un agro que se mueve por márgenes ajustados y plazos cortos —especialmente con productos perecederos—, esos días y esos detalles terminan siendo dinero. Lo que Paraguay y Perú acaban de firmar no se ve, pero se nota.
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