Algas y bajante del Paraná paralizan la pesca comercial
En Ayolas, el río Paraná dejó de ser el aliado de siempre. Una proliferación masiva de algas, combinada con una marcada bajante, cubrió el agua y frenó casi por completo la actividad pesquera comercial de la zona. Lo que para algunos es una postal extraña —un río verde y quieto— para los pescadores locales es, directamente, una crisis.
Según informó el diario ABC Color, la presencia de algas y la caída del caudal no solo complican la pesca: también dificultan la navegación por algunos sectores del río y golpean de lleno la economía de las familias que dependen de la actividad. El cuadro derivó en reclamos sostenidos y en el anuncio de una movilización indefinida a partir del martes 26 de mayo.
El reclamo de los pescadores
La bronca tiene voz propia. Tomas Bogado, dirigente de los pescadores del asentamiento Atinguy, apuntó contra la Entidad Binacional Yacyretá. «Yacyretá es responsable del perjuicio a los pescadores y al medio ambiente. Pedimos que aumenten el caudal de agua para limpiar el río, pero no nos hicieron caso», afirmó el dirigente, según consignó ABC Color. El sector reclama, además, asistencia y oportunidades laborales temporales mientras dure la situación.
La otra cara: la explicación técnica
Del lado de la represa, la lógica es distinta. De acuerdo con la información publicada, Yacyretá viene regulando sus compuertas desde 2023 en un contexto de escasa correntada, con el objetivo de elevar el nivel del agua aguas arriba del vertedero de Aña Cua para incrementar la generación eléctrica. Hasta el momento, según el medio, la entidad no habría dado respuestas favorables a los reclamos reiterados del sector, que solicitó una audiencia con el director de la margen derecha, Luis Benítez.
Por qué las algas y la bajante van juntas
El fenómeno no es casualidad. Cuando un río pierde correntada y el agua se vuelve más quieta y cálida, las algas encuentran condiciones ideales para multiplicarse. Ese «tapón» verde reduce el oxígeno disponible, altera el ambiente de los peces y vuelve mucho más difícil la pesca. La bajante, por su parte, concentra los nutrientes y agrava el efecto. Dos problemas que, combinados, terminan ahogando una actividad entera.
Una crisis que excede a la pesca
El impacto se siente más allá de las redes. La asistencia alimentaria —entregada de manera parcial desde noviembre— fue calificada de insuficiente por los afectados, que viven al día de lo que sacan del río. Con la navegación complicada y la pesca frenada, el conflicto combina un componente ambiental con uno social y económico difícil de separar.
El río como termómetro
Por debajo del reclamo puntual hay una discusión más grande, que asoma cada vez que un río cambia de comportamiento: cómo se equilibran la generación de energía, la salud del ecosistema y la vida de las comunidades ribereñas. El estado del Paraná en Ayolas funciona, en ese sentido, como un termómetro. Y por ahora marca tensión.
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