Se llama Robert Francis Prevost y ahora el mundo lo conoce como León XIV. Nacido en Chicago, Illinois, igual que su correligionario el arzobispo Paul Marcinkus, el “banquero de Dios”, ex canciller del Vaticano y metido hasta el cuello en el asesinato de Juan Pablo I Albino Luciani. La ciudad de Al Capone y Sam Giancana, de Barak Obama, este es el peor de todos los nombrados y hasta la llegada de Joe Biden a la Casa Blanca mediante un feroz fraude electoral, fue el presidente más nefasto de Estados Unidos en su historia. Traidor como también este papanatas de su propia grey a quien le importa más los palestinos que los católicos que sufren persecución en el Líbano, por ejemplo.
Más que un santo padre es un reverendo hipócrita que de santo no tiene nada, no es el representante de Dios en la Tierra sino del mismísimo Diablo. ¿Acaso no está escrito en la Biblia que el Anti-cristo está sentado sobre una ciudad de 7 colinas?
Siempre de blanco, siempre fríos, semejantes a la punta del iceberg que debajo del agua tiene su mayor parte, así también el Vaticano, su cabeza visible es el papa, pero detrás de sus muros su cuerpo esconde una corrupción y degeneración incomparables. Pero no pudieron escapar a la promesa de Jesús quien sentenció que no hay cosa oculta que no será revelada, todo saldrá a luz y en este sentido la Iglesia de Roma está herida de muerte por todo lo revelado de su pederastia repugnante a lo largo de décadas.
El cuerpo va donde la cabeza apunta, según el francés Frederick Martel en su libro “Sodoma, Poder y Escándalo en el Vaticano”, 70% de su población es gay y los cardenales de perfiles más homofóbicos son los mayores sodomitas. De ahí que se puede colegir que la “santa sede” es en realidad un antro de prelados degenerados para no decir una cueva de putos y no herir susceptibilidades, con lo que me importa.
En el libro “Abusos Sexuales de la Iglesia Católica” el escritor argentino Jorge Llistosella da cuenta que: “Desde hace por lo menos medio siglo la Iglesia Católica, referencia espiritual para alrededor de 1.100 millones de creyentes, se vio invadida por una patología abominable; la pederastia religiosa, frecuentemente en perjuicio de aquellos seres preferidos por Jesucristo, los niños.”
Jorge Bergoglio tuvo mucha responsabilidad sobre esto cuando pastoreaba la grey en la Argentina encubriendo cientos de estos crímenes hasta que todo explotó debido a una chispa encendida en Boston, Massachusetts, por el periódico “Boston Globe” al apenas asumir un nuevo jefe de redacción de origen judío quien impulso la investigación y luego ordenó la publicación sobre este secreto a voces, fue en el año 2002.
Dicha investigación reveló la complicidad y encubrimiento del arzobispo de Boston, quien fue la figura central en el escándalo de pederastia en la iglesia católica estadounidense; Bernard Law, luego, obligado a dimitir. Esta fue la primera ficha en caer, la cual, tuvo el consecuente efecto dominó que posibilitó el desplome de las fichas en todo el mundo católico hasta compilarse una historia de abusos sexuales que datan desde el siglo XIX.
Cualquiera fuese la cabeza de esta organización religiosa, criminal si se quiere, no tiene la más puta autoridad moral de juzgar a nadie y menos al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, irónicamente su compatriota, por ordenar las acciones bélicas en contra del gobierno teocrático iraní, cabeza de la serpiente en el medio oriente y nido del terrorismo asesino mundial. Trump, ante el silencio e inacción cómplice del sumo pontífice de los católicos, y otra ironía, jefe de otro Estado teocrático como lo es el mismo Vaticano, aunque el más pequeño del mundo en tamaño geográfico, se dispone a intervenir en Nigeria para intentar parar el asesinato de cristianos y se retiró del estrecho de Ormuz, el cual controlaba con la marina del ejército estadounidense, para que un centenar de mujeres persas acusadas de sedición no fueran ejecutadas por el régimen terrorista iraní. Esto es lo que debería hacer Leon XIV y no ir de visita a la mezquita de Argelia para confraternizar con otra religión de pedófilos como sus súbditos.
Shabat Shalom
Escrito por El Padrino
Raúl Melamed


Como siempre una exelente biografía de la ramera vestida de púrpura.