LA BANALIDAD DEL MAL

En un principio este artículo iba a llevar por título Eichman y Marito, pero aun en lo peor de la raza humana existen jerarquías, en muchos casos por las consecuencias de tal o cual mal.

Si bien ambos son escoria humana, no es lo mismo el excremento sólido que la diarrea y pido disculpas por la procacidad.

Entonces, ¿en que se parecen Marito y el alemán además de pertenecer a las cloacas de la historia?; En lo insulso, gris y parco, en la poca cosa que aparentan siendo responsables de daños y perjuicios inconmensurables, por fin, en el antisemitismo.

En 1961 un comando del Mossad atrapó al nazi en la calle Garibaldi de la provincia de Buenos Aires, se hacía llamar Ricardo Clement. Fue transportado a Israel en un vuelo de El Al que partió desde el aeropuerto de Ezeiza disfrazado como piloto de la aeronave. Corre película, finalmente colgado en Jerusalén. Hablando de, hay varias películas al respecto, ya que todo lo que hace el servicio secreto israelí es de película, incluso, a veces, sus intervenciones superan la ficción por su espectacularidad.

Cuando eso ocurrió, se encontraba en la capital del Estado de Israel, Hannah Arendt, destacada periodista de nacionalidad estadounidense y nacida en Alemania, judía por supuesto. Enviada por el prestigioso semanario “The New Yorker” (el neoyorquino) para cubrir el juicio a Adolf Eichman. El resultado fue un libro de unas 120 páginas que levantó bastante polvareda al cual tituló “Eichman en Jerusalén” (Una crónica sobre la banalidad del mal), fue este el subtítulo de la polémica.

Es que ella esperaba encontrarse con un monstruo, ya que Eichman fue el principal realizador del Holocausto, sin embargo, vio a un hombrecillo sin brillo, un burócrata mediocre repitiendo “clichés” como “solo cumplía órdenes” y “no odio a nadie”, lo cual pudo haber sido cierto. De ahí su frase célebre, la banalidad del mal, de cómo alguien que parecía menos que un actor secundario pudo causar semejante crimen jamás visto en la historia.

Algo similar sentí cuando vi a Larry Fink, presidente de la firma Blackrock, la mayor gestora financiera del mundo, en una entrevista realizada por Brett Baier, periodista de la cadena Fox News. Apocado, como achicándose o confesándose, pero lejos de pedir perdón por existir, explicó que el péndulo se está moviendo en un sentido de mayor pragmatismo ya que con el wokismo se pasaron de rosca y ahora la fuerza de su clientela como que exige volver a la normalidad. Claro que todo esto se puede resumir en un nombre que trataron de matar justamente para evitar lo que está sucediendo actualmente gracias a este Presidente; Donald Trump.

Larry es el mismo quien años atrás, entrevistado en el set del New York Times, el diario más woke del mundo, dijo muy suelto de cuerpo que había que forzar los cambios imponiendo conductas wokes.

La ironía de esta comparación es que Fink es judío. Bueno, Claudia Sheinbaum también así como Judas Iscariote.

 

Shabat Shalom

 

 

Escrito por El Padrino
Raúl Melamed

 


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