Un hallazgo inquietante sobre el ritmo natural
Un nuevo estudio advierte que el «motor de la naturaleza se está parando» mientras el cambio climático acelera. Investigadores británicos detectaron que el recambio de especies se ralentiza desde la década de 1970, pese al aumento sostenido de la temperatura global.
El «motor de la naturaleza» pierde velocidad
La idea parecía lógica: si el calentamiento global aumenta la presión ambiental, los ecosistemas deberían reorganizarse más rápido. Sin embargo, el análisis liderado por la Queen Mary University of London y publicado en Nature Communications muestra lo contrario.
El equipo examinó bases de datos de biodiversidad que abarcan ecosistemas marinos, de agua dulce y terrestres durante más de un siglo. El resultado: el reemplazo de especies a escala local no se aceleró con el cambio climático, sino que se ha ralentizado de forma clara desde los años 70.
El ecólogo Emmanuel Nwankwo, autor principal, describió la naturaleza como “un motor autorreparable” donde unas especies sustituyen a otras de forma continua. Ese motor, hoy, “ya no gira como antes”.
Un tercio menos de recambio desde 1970
El estudio se centró en el periodo posterior a la década de 1970, cuando el aumento de la temperatura media global está ampliamente documentado. Comparando ritmos antes y después de ese punto, los investigadores observaron que en intervalos de entre 1 y 5 años el recambio de especies se volvió más lento.
El coautor Axel Rossberg señaló que en muchos casos las tasas de reemplazo descendieron alrededor de un tercio. No se trata de una variación puntual, sino de un cambio estructural.
Para interpretar este patrón, el equipo recurrió a la teoría de la fase de múltiples atractores, formulada por el físico teórico Guy Bunin en 2017. Según este enfoque, las comunidades ecológicas dependen en gran medida de dinámicas internas complejas —competencias y equilibrios entre especies— más que de estímulos externos como el clima.
El estudio aporta evidencia empírica de que esa fase domina gran parte de la naturaleza actual.
Biodiversidad sin relevo: una señal silenciosa
¿Por qué se frena el movimiento interno? La explicación apunta a la degradación ambiental. En ecosistemas sanos existe un reservorio regional de especies capaces de ocupar espacios cuando otras desaparecen. Ese “almacén biológico” mantiene activo el recambio.
Cuando la actividad humana fragmenta hábitats, contamina aguas o simplifica ecosistemas, ese reservorio se reduce. Hay menos especies disponibles para reemplazar a las que se pierden.
Nwankwo advirtió que en otros estudios ya se observan impactos humanos directos asociados a esta desaceleración. La estabilidad aparente puede ser, en realidad, un síntoma de agotamiento ecológico.
Ecosistemas más frágiles ante eventos extremos
La ralentización del recambio tiene implicaciones ambientales profundas. Ecosistemas menos dinámicos tienden a ser menos resilientes: responden peor a olas de calor, sequías prolongadas o invasiones biológicas.
Además, la pérdida de diversidad funcional puede afectar servicios clave como la polinización, la regulación climática local, la fertilidad del suelo o la calidad del agua.
A largo plazo, el freno silencioso del «motor de la naturaleza» podría traducirse en sistemas más vulnerables, justo cuando el cambio climático exige mayor capacidad de adaptación.
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