¿Qué pasa con nuestra salud si no dormimos la siesta?

Por Alexis Cubells:

En mis cortos 28 años de vida he visto cómo la mítica «siesta» fue desapareciendo.

No sabría decir en qué momento exactamente ese momento religioso, tradicional e inamovible terminó de desaparecer.

Pero sí recuerdo bien los comentarios del tipo: «shhh, no hagas ruido que tu papá está durmiendo la siesta».

El sueño es un proceso fisiológico importantísimo, sobre el cuál ahondaremos en mis próximas columnas, que tiene un patrón natural bifásico, que nuestro código genético trata de reavivar todas las tardes, y está claro que la sociedad moderna nos apartó de esta organización pre establecida de dormir. El abandono del sueño bifásico comenzó cuando pasamos de la era agrícola a otra industrial.

El patrón bifásico de sueño para el cual existe evidencia antropológica, biológica y genética, y sigue siendo medible en todos los seres humanos hasta la fecha, es el que consiste en un episodio más largo durante las noches acompañado de las famosas «siestas cortas» por las tardes.

La siesta fue y es practicada a lo largo del tiempo en distintos partes del mundo.

Un país que se toma muy en serio esta práctica es Grecia.

Antes del cambio de milenio, se vivió una presión cada vez mayor para abandonar la práctica de la siesta en este país. Un equipo de investigadores de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard decidió cuantificar las consecuencias para la salud de este cambio radical estudiando a más de 23000 adultos griegos, hombres y mujeres de veinte a ochenta años de edad. Los investigadores se centraron en los efectos cardiovasculares, haciendo un seguimiento del grupo durante 6 años, durante el cual muchos de ellos dejaron de dormir la siesta.

Ninguno de los pacientes tenía antecedentes de enfermedad coronaria o accidente cerebrovascular al comienzo del estudio… Sin embargo, en ese periodo de tiempo, aquellos que abandonaron la siesta habitual vieron que el riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular había aumentado 37 % en comparación con aquellos que mantuvieron las siestas regulares. El efecto fue especialmente intenso sobre los trabajdores, donde aumentó hasta un 60 %.

No es sorpresa que en las partes de Grecia en donde las siestas se siguen practicando fielmente, por ejemplo en la isla de Icaria, los hombres tengan casi cuatro veces más probabilidades de llegar a los noventa años en comparación con los hombres estadounidenses.

Este estudio dejó un clarísimo mensaje:

Cuando abandonamos la práctica de la siesta, nuestra vida se acorta.

AC.

FUENTE: Walker, M. (2020). ¿Why we sleep?. Paidós.

 

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