La discusión salarial entra en la recta final con un pronóstico claro
El reajuste del salario mínimo en Paraguay se acerca a su tramo decisivo, y la lectura desde la mirada técnica ya empieza a aparecer. De acuerdo con lo difundido, el analista económico Amilcar Ferreira sostiene que no habrá modificaciones en la metodología que se viene usando desde hace años para calcular cuánto sube el piso salarial.
Su frase, según se conoció, fue directa: «Yo no espero cambios en esto. Creo que este va a ser el reajuste real». La afirmación llega en un momento en el que sindicatos, empresarios y legisladores miden fuerzas sobre la mesa, pero el sistema vigente, en su lectura, seguiría imponiéndose por una cuestión de inercia técnica.
Qué es la fórmula que rige el reajuste
El mecanismo que define el aumento no es una negociación política libre, sino un cálculo. De acuerdo con lo informado, desde 2010 el reajuste se calcula tomando como base la inflación interanual acumulada en los últimos 12 meses, medida a través del Índice de Precios al Consumidor (IPC) que publica el Banco Central del Paraguay (BCP).
En la práctica, eso convierte al reajuste en un movimiento bastante predecible: el porcentaje del aumento queda atado al dato que produce el BCP, y la Comisión Nacional de Salario Mínimo (Conasam) traslada esa referencia a una recomendación al Poder Ejecutivo. Para Ferreira, el sistema vigente es «superior al anterior», porque permite adaptaciones más graduales y evita saltos abruptos.
Cuánto subiría con esta fórmula
Con los datos sobre la mesa, las cuentas dan un aumento moderado. Según se informó, la inflación interanual acumulada hasta mayo, según el BCP, fue del 2,4%. Si esa fórmula se mantiene, ese mismo porcentaje será el que se aplique al nuevo salario mínimo.
Es un valor sensiblemente menor al de años anteriores, en línea con un escenario inflacionario más contenido que el que dejaron las crisis recientes. Para el bolsillo del trabajador, el resultado es un aumento real menor en términos absolutos, aunque proporcional al ritmo actual de los precios.
Las presiones que rodean la decisión
El método técnico no impide el cruce político. De acuerdo con lo difundido, los sindicatos mantienen un reclamo histórico: insisten con un aumento del 20%, apoyados en el costo de vida y en la idea de recomponer poder adquisitivo. Del otro lado del mostrador, los empresarios prefieren esperar el informe del BCP y atar el reajuste estrictamente al IPC, para evitar movimientos que consideran riesgosos para la actividad económica.
En paralelo, en el Congreso aparece una vía alternativa. Las senadoras Yolanda Paredes y Esperanza Martínez impulsan un proyecto para incorporar nuevos componentes a la fórmula, como el IPC de alimentos o la productividad, con el argumento de que el indicador general subestima el verdadero costo de vida de los hogares de menores ingresos.
El calendario aprieta: la Conasam tiene reunión prevista para el 8 de junio y debe elevar su decisión al Poder Ejecutivo a mediados de mes.
El dato que pesa de fondo
Hay un elemento que vuelve singular al debate sobre el salario mínimo en Paraguay, y que Ferreira pone sobre la mesa. De acuerdo con su análisis, el reajuste beneficia directamente al 8% de los trabajadores —los que efectivamente perciben salario mínimo—, pero «traslada costos al resto de la población» mediante incrementos de precios en bienes y servicios.
Es una lectura técnica que suele aparecer en las discusiones académicas pero rara vez en la conversación pública: el aumento del piso salarial no es solo una cuestión de cuánto cobra el trabajador, sino también de cómo ese movimiento se traslada al resto de la cadena.
Lo que se juega
El reajuste, salvo sorpresa de último momento, parecería encaminado a moverse dentro del corsé del IPC. Lo que está en juego, más allá del número de este año, es si la fórmula seguirá siendo el único parámetro o si la discusión sobre incorporar nuevos componentes finalmente avanza. Por ahora, la inercia del sistema vigente le saca ventaja a los intentos de modificarlo.
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