Empate y despedida en casa
Parece que Cerro Porteño ha decidido redefinir lo que significa estar «inmunizado». En este caso inmune para alcanzar la Gloria en Copa Libertadores.
El empate ayer con Colo Colo en la última jornada del grupo A, jugando de local en la Nueva Olla, a estadio repleto con más de cuarenta mil almas que esperaban pasar de fase en Copa Libertadores, les tocó presenciar otra eliminacion más: la número 60, y se despidió en casa del sueño.
Ahora le tocará defender el honor en Copa Sudamericana.
Decisiones técnicas cuestionadas
Manolo Jiménez analizó el partido en conferencia de prensa luego de la derrota:
“Ellos tenían la gran ilusión, nosotros la ilusión y convicción. Fue un mazazo fuerte, el equipo salió muy nervioso, desconocido. Somos humanos y hay que entender que en el fútbol, como la vida misma, unas veces las cosas salen bien y otras salen mal”, expresó el entrenador.
Una de las preguntas que le hicieron al DT fue por qué cambió a Carrizo, uno de los jugadores que mejor estaba jugando.
El español explicó que el equipo no estaba ayudando al juego del argentino y prefirió apostar por la velocidad de Aguayo para intentar cambiar la situación en el encuentro.
Más allá de los cambios, de los nombres, de la camiseta y del propio estadio, Cerro Porteño, teniendo todo a su favor y bajo su control para definir su propia clasificacion y de local, nuevamente no lo hizo.
El desafío de la presión
Es precisamente ese el eslabón que le ha costado horrores durante todo este tiempo: la presión.
Como si no supiera o, al menos, no encuentra la forma de lidiar con ella.
Con esa presión que se hace gigante cuando juega de local, ven como se desvanecen su ilusión de conseguir la tan ansiada primera Copa Libertadores.
Probablemente sea momento de dejar el análisis de lado, como cada año, dejar de pensar en que pasó, en qué no se hizo del todo bien, y agarrar al toro por las astas.
Defender el orgullo por sobre los colores; la ilusiòn ajena, de los hinchas y no la propia de jugadores, del club ni de la dirigencia; encontrar la motivación no en el trofeo; sino en la gente; dejar que la presión siga presionando y enseñarle de una vez por todas que cuando se la mira cara a cara, es ella quien desaparece; agrandar el pecho cuando la situacion lo exiga y ya no señalar a los otros; demostrar en la cancha que no solo hay fútbol, hay alma, porque cuando el fútbol desaparece, es la sangre la que salva.
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La hinchada de cerro no alienta, solo abuchea y silva, no transmite nada bueno a sus jugadores en la adversidad, son todos unos pinguinos