El talón oculto que debilita el hielo groenlandés
Un nuevo estudio científico reveló que el verdadero punto débil de Groenlandia no está en su superficie helada, sino debajo: una extensa capa de sedimentos blandos, de hasta 200 metros de espesor, que permite que el hielo se deslice con mayor rapidez hacia el océano, acelerando la pérdida de masa glaciar y el aumento del nivel del mar.
Una base inesperadamente frágil bajo el hielo
Durante años, el foco del deshielo se centró en el aumento de temperaturas, las olas de calor árticas y el retroceso visible de los glaciares. Sin embargo, científicos de la Universidad de California en San Diego (UC San Diego) identificaron que gran parte del casquete de Groenlandia no descansa sobre roca sólida, sino sobre sedimentos húmedos y deformables que actúan como una superficie deslizante.
Esta característica geológica reduce la fricción entre el hielo y el suelo, facilitando que enormes masas glaciares se desplacen más rápido hacia el mar.
Sismología para mirar bajo kilómetros de hielo
Para llegar a esta conclusión, los investigadores utilizaron un método poco habitual en glaciología: ondas sísmicas generadas por terremotos lejanos. Al analizar cómo estas vibraciones atraviesan distintos materiales, el equipo logró distinguir entre roca dura y sedimentos blandos sin necesidad de perforar el hielo.
El análisis se basó en datos de 373 estaciones sísmicas distribuidas por Groenlandia, lo que permitió construir un mapa subterráneo detallado. Los resultados muestran una base muy heterogénea, con amplias zonas cubiertas por sedimentos saturados de agua, especialmente en regiones que alimentan glaciares rápidos que desembocan directamente en el océano.
El agua de deshielo como acelerador silencioso
El estudio también destaca el rol clave del agua de deshielo superficial. Durante el verano ártico, el agua puede filtrarse a través de grietas y conductos naturales —conocidos como moulins— hasta la base del glaciar.
Allí, el agua actúa como un lubricante, aumentando la presión, reduciendo la fuerza de fricción y volviendo los sedimentos aún más inestables. El resultado es un proceso invisible desde el espacio, pero capaz de acelerar el movimiento del hielo bajo kilómetros de espesor.
Un mosaico térmico bajo Groenlandia
No toda la base del hielo se comporta igual. Algunas zonas permanecen congeladas en contacto con el suelo, lo que limita la deformación del sedimento. Otras están descongeladas, favoreciendo el deslizamiento.
Los modelos térmicos coinciden en gran parte con las áreas donde se detectaron sedimentos más gruesos, aunque también aparecen bolsas inesperadas de suelo blando en regiones que se creían estables. Esta complejidad subterránea desafía los modelos tradicionales y obliga a replantear cómo se proyecta el comportamiento futuro del hielo.
Qué implica para el nivel del mar y las costas
Entre 1992 y 2018, Groenlandia contribuyó con aproximadamente 1,1 centímetros al aumento global del nivel del mar. Aunque la cifra parezca pequeña, su impacto es significativo para ciudades costeras, deltas poblados y ecosistemas frágiles.
Los modelos climáticos dependen en gran medida de cómo se representa la base del hielo. Asumir que el hielo descansa mayormente sobre roca sólida puede subestimar la velocidad real de respuesta de los glaciares al calentamiento. Identificar dónde hay sedimentos deformables permite mejorar las predicciones y afinar estrategias de adaptación en regiones vulnerables.
Vacíos de información bajo el casquete
Pese a la magnitud del estudio, los propios investigadores advierten que Groenlandia sigue estando poco instrumentada. En algunos sectores, la diferencia entre un terreno estable y uno inestable puede darse en pocos kilómetros.
Por eso, señalan la necesidad de ampliar y densificar la red sísmica permanente, capaz de captar cambios estacionales, especialmente los vinculados a la llegada de agua de deshielo en verano. Estos datos ya comienzan a combinarse con mapas de espesor de hielo y mediciones satelitales de velocidad glaciar para entender mejor qué se mueve arriba y qué cede abajo.
Impactos ambientales más allá del Ártico
El hallazgo no solo afecta a modelos climáticos. Una aceleración inesperada del deshielo puede alterar corrientes marinas, aumentar la erosión costera y modificar la distribución de nutrientes en zonas pesqueras del Atlántico Norte.
Además, una mayor descarga de agua dulce en el océano podría influir en sistemas de circulación como la corriente del Atlántico Norte, con posibles efectos sobre el clima europeo. Groenlandia no es un bloque aislado de hielo: está conectada, por agua y energía, con el resto del planeta.
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