Elecciones en clubes: un tablero más allá del fútbol

El poder detrás del balón: cuando las elecciones en los clubes se juegan en la política

En Paraguay, las urnas de los clubes de fútbol no solo eligen dirigentes deportivos: también deciden cuotas de poder político, espacios de influencia y blindaje reputacional. Las elecciones en instituciones como Cerro Porteño o Sportivo Luqueño, que deberían definirse por proyectos deportivos, terminan funcionando como extensiones de disputas políticas y económicas, muchas veces con actores que buscan más prestigio e impunidad que goles y campeonatos.

El laboratorio del clan González Daher

El caso más emblemático es el del Sportivo Luqueño, donde durante años el club fue manejado como una estructura de poder del clan González Daher. Óscar González Daher, fallecido exsenador y exmiembro del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados, usó la dirigencia deportiva como plataforma política y de control local. Desde ese espacio construyó redes de influencia judicial y empresarial que lo blindaron durante décadas frente a denuncias por enriquecimiento ilícito, tráfico de influencias y lavado de dinero.
Luqueño fue, en los hechos, un laboratorio de cómo el fútbol puede funcionar como escudo: los mismos mecanismos que en la política servían para repartir favores o manipular causas judiciales también operaban en el club, disfrazados de decisiones deportivas o administrativas. El resultado fue el descrédito institucional y el vaciamiento financiero, pero también la evidencia de que el poder deportivo puede ser una herramienta de cooptación política.

Cerro Porteño y el nuevo tablero de poder

Las próximas elecciones en Cerro Porteño muestran un escenario similar: nombres que, más allá de su afinidad con el club, están profundamente insertos en las redes políticas y judiciales del país. Entre los candidatos aparece Rubén Recalde, quien figura muy cercano al exfiscal general Javier Díaz Verón, procesado y destituido por enriquecimiento ilícito, y también ligado a Roberto Paredes, exdirector jurídico de la Municipalidad de Lambaré, imputado por irregularidades administrativas.

En la misma contienda surge Blas Reguera, integrante de una familia empresarial de peso que atraviesa dificultades económicas desde hace varios años. Las compañías vinculadas al grupo —entre ellas Casa Popular S.A. (Facilandia) y AM Reguera S.A.— enfrentaron procesos judiciales por deudas y convocatorias de acreedores, además de denuncias laborales y sanciones de la SEDECO.

Más recientemente, el entorno familiar de Reguera fue señalado en un litigio internacional con una multinacional que derivó en una condena millonaria, con impacto potencial sobre la imagen país y la seguridad jurídica ante inversores extranjeros.

A este escenario se suman figuras con pasado político reciente, como el exdiputado Carlos Rejala —recordado por su alineamiento con movimientos libertarios y su activa presencia mediática— y el exviceministro cartista Ariel Martínez, quien también aparece entre los aspirantes a integrar la nueva comisión directiva. La presencia de actores políticos en una elección de club vuelve a confirmar que el fútbol paraguayo sigue siendo un terreno fértil para la búsqueda de visibilidad, poder y proyección.

Según refieren fuentes y una publicación reciente en redes (Ver hilo en X), ya anticipan la participación de actores políticos en la campaña del club.

Política, fútbol y legitimidad social

El fenómeno no es nuevo ni exclusivo de Paraguay, pero aquí se amplifica por la falta de controles institucionales dentro de los clubes y la concentración de poder en figuras históricas. Ser dirigente de un club grande otorga acceso a medios, a contactos políticos y a un prestigio popular que muchas veces se traduce en protección.

Esa ecuación explica por qué, elección tras elección, los clubes terminan siendo escenario de disputas que poco tienen que ver con la pelota. La política busca el fútbol por su capacidad de arrastre social; los empresarios lo buscan por su influencia simbólica; y ambos lo necesitan como herramienta para reconstruir credibilidad o mantener redes de poder.

Más que un resultado deportivo

Las elecciones en Cerro Porteño, como antes en Luqueño o incluso en Olimpia, muestran que el fútbol paraguayo sigue siendo un reflejo de cómo se distribuye el poder real en el país. Las canchas no son solo campos de juego: son escenarios donde se disputan reputaciones, negocios y silencios.

El resultado del próximo comicio en el Ciclón dirá mucho más que quién ocupará la presidencia del club. Dirá, una vez más, qué tipo de poder sigue marcando el ritmo del fútbol paraguayo: el de los hinchas y socios que sueñan con campeonatos… o el de quienes ven en el club una nueva tribuna desde donde seguir jugando a la política.

 


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