El riesgo que esconden algunos árboles de la Plaza Uruguaya

Árboles con riesgo de caída en la Plaza Uruguaya: por qué se remueven seis ejemplares

Un árbol da sombra, vida y belleza. Pero cuando se seca o se enferma, puede transformarse en un peligro silencioso, sobre todo en un lugar tan transitado como una plaza pública. Esa es, justamente, la razón principal detrás de la remoción de seis árboles en la histórica Plaza Uruguaya de Asunción: según el relevamiento técnico, esos ejemplares presentan riesgo de caída.

No se trata de retirar árboles sanos y frondosos, sino de intervenir sobre aquellos que ya no ofrecerían garantías de seguridad para quienes caminan, descansan o trabajan en el lugar.

Cuando un árbol deja de ser seguro

De los seis ejemplares señalados, tres son tocones completamente secos, sin ramas ni hojas. Los otros tres —un mango seco, un ficus y una leucaena, esta última una especie invasora— fueron marcados porque presentarían inclinaciones peligrosas y riesgo de caída. A ese diagnóstico se sumaron estudios fitosanitarios, realizados por la empresa a cargo de las obras, que habrían detectado afectaciones como la presencia de termitas, capaces de debilitar la estructura interna del tronco. Un árbol en esas condiciones, en medio de una plaza concurrida, es una amenaza latente: basta un viento fuerte o una lluvia intensa para que una rama o un ejemplar entero se venga abajo.

Una evaluación árbol por árbol

La decisión no fue tomada a la ligera. La Dirección General de Gestión Ambiental de la Municipalidad de Asunción realizó un relevamiento técnico y una inspección con evaluación individual de cada ejemplar, junto a representantes de la comunidad. Inicialmente se había pensado en retirar más árboles, pero tras el análisis el número se redujo hasta quedar en seis. Para dimensionar el alcance: la plaza conserva 441 árboles, según el último censo, de modo que la intervención es mínima frente al total del arbolado.

Seguridad y patrimonio verde, juntos

Lo interesante es que cuidar la seguridad no implica, en este caso, perder verde. Como compensación, y siguiendo la normativa que exige plantar diez árboles por cada uno removido, se sumarán 100 nuevos ejemplares a la plaza, todos de especies nativas: lapacho, pacurí, yvapurũ, ñangapiry y arazá, entre otras. Es decir, a cambio de seis árboles que ya representaban un riesgo, la Plaza Uruguaya ganará un centenar de árboles autóctonos, más resistentes y valiosos para la biodiversidad urbana.

La historia deja una enseñanza que vale para cualquier ciudad: cuidar el arbolado también significa reconocer cuándo un árbol se ha vuelto un peligro y actuar a tiempo. Un bosque urbano sano no es el que nunca se toca, sino el que se atiende —se poda, se monitorea y se renueva—, justamente para que siga dando sombra sin poner a nadie en riesgo.


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