Escuché decir a un joven en alguna red social que el mayor influencer de la historia fue el judío Jesús. De acuerdo.
La pregunta es ¿cómo terminó? Todos lo sabemos.
Uno de sus discípulos, días atrás, acabó como el Maestro, no crucificado, asesinado cobardemente de un balazo en la yugular; Charlie Kirk.
La otra pregunta entonces es; ¿Qué es un influencer?
Está en su nombre, actual y principalmente tiene mucho que ver con las redes sociales cloacales, aunque no exclusivamente.
¿Cómo se mide el nivel de influencia? Por la cantidad de seguidores podría decirse, pero no es un absoluto.
Me dijo Fredy Vera – “El Churero” -, influencer pionero en nuestro país: “Hay gente que tiene muchos seguidores pero que no impacta, como Yolanda Park.” Este ejemplo me pareció muy atinado ya que pocas veces habrá habido alguien que se pasa hablando el día entero y no dice nada. Como esta, miles, cientos de miles, millones en todo el planeta que solo cacarean y su dejo es semejante al excremento de gallina.
Si me preguntan cuál es la característica más notable de los llamados influencers hoy día, diría que la mayoría carece de consistencia, sustancia y por sobre todo esencia.
Desde 1982 uso el mismo perfume cuya esencia es de la planta vetiver, de la casa Guerlain en mi caso; por su parte, mi padre terrenal usaba de la casa Carven, ambas de París. Pero la pelotuda de Carolina Herrera creó el suyo y lo fabricó solo un año (2002), seguramente para demostrar a los franceses que ella también puede hacerlo; además, creo que los superó. Aquí tengo un frasco casi lleno que me costó un huevo y la mitad del otro conseguirlo. “Vetiver” de Carolina Herrera.
En una entrevista que me hizo Álvaro Mora no hace mucho, definí a un verdadero “influencer” como alguien capaz de perjudicar una agenda política o económica que se quiere imponer por parte de algún grupo de interés en beneficio del mismo y en detrimento de la mayoría de la población o, “contrario sensu”, alguien capaz de influir en la gente para que prevalezca la voluntad o el sentir de una mayoría popular en contra del intento de imposición de una agenda de grupos de élites de poder político o económico.
Los identificados como anti-vacunas durante la plandemia fueron todo un fenómeno que contó con el apoyo de varios influencers destacados.
La característica del finado Charlie, quizás el mayor verdadero influencer de nuestro tiempo, fue que su trabajo era similar a un apostolado del conservadurismo estadounidense. Recorría las universidades y armaba debates en esos campus, los cuales están minados de la tierna podredumbre norteamericana, el frente de la batalla cultural donde se puede encontrar a la gente más horrible, degenerada, equivocada e ignorante de los Estados Unidos, aunque parezca una contradicción. Allí los confrontaba, desde donde grababa y transmitía sus podcasts para los acólitos. Él, siempre correcto, nunca perdía la compostura, aunque era prácticamente imbatible.
El hijo del puto diablo George Soros manifestó que las redes sociales son nefastas, claro, porque siguen siendo un escollo importante para proyectos totalitarios y crímenes de lesa humanidad como los que él y los de su especie promueven. No obstante, lograron censurar lo más que pudieron, cuestión que ha mejorado un tanto desde que Elon Musk se adueñó de Twitter y Trump se hizo con la presidencia norteamericana. El repugnante Mark Zuckerberg tuvo que adecuarse a los nuevos tiempos en los cuales el enemigo nro 1 de los globalistas empieza a soplar nuevamente: la libertad de expresión.
De hecho, se puede atribuir a Charlie Kirk una importante responsabilidad, si no protagónica, en la victoria de Donald Trump, a quien también intentaron asesinar.
El verdadero comunicador influyente corre riesgos de todo tipo; ser perseguido, radiado, neutralizado y en el peor de los casos asesinado.
Los episodios de las mexicanas ejecutadas por sicarios van por otro lado, que también resulta fatal por lo visto.
Entonces ¿qué queda?
Toda esa pléyade de pajeros que ustedes ven, escuchan o leen todos los días en los medios y las redes sociales cloacales. Gente principalmente cobarde, sin dignidad, completamente vendida, sin esencia ni consistencia y menos aún contenido significativo. Y varios con el culo roto sin duda. Obvio microbio.
No obstante, estamos en plena lucha por recuperar la libertad y, con la ayuda de Dios, lo más probable es que prevalezca la verdad sobre la mentira a la larga o, mejor, a la corta.
El asesinato de Charlie Kirk, de solo 31 años, deja una viuda y dos hijos cachorritos. Muy penoso, trágico, de lo más injusto por supuesto, vivió dos años menos que el mayor influencer de todos los tiempos, Jesús, quien dijo: “El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor.” Mateo 10:24
El Padrino
Raúl Melamed

