Urge mano dura contra los borrachos al volante
El pasado fin de semana, las rutas de nuestro país fueron escenario de tragedias que enlutaron a más de una familia paraguaya. En una alarmante y repetida historia, el alcohol y la imprudencia se combinaron de nuevo con resultados fatales. Estos incidentes no solo revelan una falta de conciencia social, sino una evidente y urgente necesidad de establecer sanciones más severas contra aquellos que se atreven a conducir bajo los efectos del alcohol, poniendo en riesgo sus vidas y las de los demás.
Uno de los casos más impactantes de este fin de semana negro es el ocurrido en la ruta Luque-San Bernardino, donde un conductor ebrio provocó la muerte de cuatro personas, entre ellas, un menor de edad. Eugenio María Sanabria Vierci, el conductor ebrio que enlutó a una familia, adelantándose en doble linea amarilla, jugando con el destino y la irresponsabilidad, tenía un nivel de alcohol en sangre completamente inaceptable para alguien que debía tener el control de un vehículo. Este tipo de comportamiento no puede seguir siendo tolerado. La justicia debe actuar con todo su rigor, sin paliativos ni excusas.
Conducir bajo los efectos del alcohol no es solo una imprudencia: es un acto criminal que pone en juego vidas inocentes. Las sanciones actuales, claramente, no han sido disuasorias ni han hecho mella en la conciencia de los infractores. Necesitamos leyes que castiguen con severidad ejemplar a quienes tomen esta decisión irresponsable. Multas exorbitantes, la inhabilitación de la licencia de por vida y penas privativas de libertad deben ser el mínimo a considerar para frenar esta peligrosa conducta.
Las campañas de concienciación han demostrado ser insuficientes. Años de mensajes preventivos no han logrado impactar a una grupo de criminales al volante que sigue ignorando el riesgo. Lo que se necesita ahora es una acción decidida, una respuesta judicial y policial que envíe un mensaje claro: quien maneja ebrio, enfrenta consecuencias serias e irrevocables.
Como sociedad, debemos exigir medidas inmediatas y efectivas para terminar con esta epidemia de irresponsabilidad. Cada muerte en las rutas son vidas que pudieron haber sido preservadas si alguien hubiese tenido el coraje de actuar. La justicia debe responder, no con palabras, sino con acciones. No podemos seguir aceptando la imprudencia de unos pocos continúen destruyendo familias y futuros de muchos.

Debe haber una condena ejemplar a este irresponsable para dejar precedentrs!