Lo que El Niño asoma a la ribera paraguaya

El Niño 2026 reaviva el riesgo de crecidas e inundaciones

El clima vuelve a estar en agenda. De acuerdo con los pronósticos difundidos, hay una probabilidad alta —estimada en torno al 70%— de que El Niño se haga presente en Paraguay durante el segundo semestre de 2026, en principio como un fenómeno de intensidad relativamente leve, aunque su fuerza definitiva todavía está en discusión entre los especialistas.

El fenómeno no reconoce fronteras: las mismas proyecciones que encienden alertas en el litoral argentino aplican a la cuenca que Paraguay comparte con sus vecinos. Por eso, lo que se anticipa para la región sirve también como aviso anticipado para el país, sobre todo para quienes viven cerca del agua.

Qué se espera del clima en Paraguay

Según la información atribuida a la Dirección de Meteorología, El Niño suele traducirse en lluvias por encima de lo normal, precipitaciones que caen en gran cantidad y en poco tiempo, tormentas severas y elevada humedad, con efecto principal en la Región Oriental. También se prevé un invierno menos frío de lo habitual, con irrupciones breves de aire frío, y una primavera con lluvias superiores al promedio.

Conviene una aclaración para no caer en exageraciones: el término «Niño Godzilla», que circuló en algunos espacios, es una etiqueta mediática y no una denominación oficial. Desde la autoridad meteorológica se desestimó esa caracterización, sin que ello quite seriedad al seguimiento del fenómeno.

El punto sensible: las zonas ribereñas

Acá está el corazón del asunto para Paraguay. Cuando El Niño se instala, lo más frecuente es que aumente el caudal de los ríos Paraguay y Paraná. Ese crecimiento, históricamente, deriva en desbordes, anegamientos urbanos e inundaciones en las zonas bajas, además de posibles daños en la producción agrícola.

La experiencia de los últimos años deja un mapa bastante claro: Pilar y el departamento de Ñeembucú, junto con los bañados y la franja costera de Asunción, son las áreas que primero y con más fuerza acusan las crecidas del río Paraguay. No se trata de anunciar una inundación puntual —eso dependerá de cómo evolucione el fenómeno—, sino de reconocer un patrón que se repite y que conviene tener sobre la mesa con tiempo.

Qué conviene tener en cuenta

La lectura responsable no es el alarmismo, sino la previsión. Seguir los reportes oficiales sobre el nivel de los ríos, estar atentos a los avisos de la autoridad meteorológica y, en las zonas históricamente afectadas, repasar con anticipación los planes de contingencia familiares y comunitarios son medidas que no cuestan nada y que marcan diferencia cuando el agua sube.

El Niño 2026 todavía es una proyección en desarrollo. Pero en un país donde el río manda buena parte de la vida cotidiana, mirar el cielo —y el caudal— con anticipación nunca está de más.


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