Por qué hablar de tolerancia hoy
Vivimos con la tentación de contestar antes de comprender. La velocidad de los timelines convierte la diferencia en afrenta y la discrepancia en enemigo. En ese ruido, conviene recordar un oficio del carácter: tolerar no es resignarse, es darle lugar al otro para que la verdad —si la hay— se pruebe con calma.
Sin esa disciplina, la discordia se degrada en tiranía de bandos; con ella, el desacuerdo se vuelve taller donde se pulen ideas y se templa el ánimo.
La discordia y el disenso presiden con notoria frecuencia las complejas relaciones sociales, tal y como lo atestigua la historia reciente y actual de nuestro país, plagadas de actitudes autoritarias e irracionales. Ante ello, la tolerancia se nos presenta como uno de los antídotos de efectos más curativos. El problema surge cuando aparecen súbitamente, y se instalan como consecuencia de esas relaciones, el despotismo, la tiranía o el irracional fanatismo.
Ese párrafo nos pone frente al verdadero riesgo: no es pensar distinto, es dejar de reconocernos cuando pensamos distinto. La tolerancia que vale no es la indiferencia que todo lo iguala, sino la apertura deliberada de escuchar, comprender y recién entonces acordar o disentir.
Dos luces clásicas
Ya lo dijo François-Marie Voltaire: “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo”.
También, en memoria de José Martí: “Quien intente mejorar al hombre no ha de prescindir de sus malas pasiones, sino contarlas como factor importantísimo, y ver de no obrar contra ellas, sino con ellas”.
Ambas frases ordenan la conversación pública: defender la voz del otro y comprender sus fuerzas para poder construir con él.
La definición que sirve
Se define como el respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás, aunque sean diferentes o contrarias a las propias; implica aceptar y apreciar la diversidad de culturas, formas de expresión y maneras de ser humano. La tolerancia no es indulgencia ni indiferencia, sino una actitud activa de respeto y aprecio por las riquezas de la diversidad humana.
En el centro está la dignidad del otro: escuchar con atención, preguntar con honestidad y decidir con criterio.
Crecer en el disenso
“Crecer en el disenso” se refiere a la idea de que el crecimiento personal y social se produce a través de la confrontación de ideas y la aceptación de la diferencia, en lugar de buscar siempre el acuerdo o consenso.
Crecer en el disenso es un trabajo de tres frentes:
- Para la razón, afila argumentos y nos vacuna contra el dogma.
- Para el ánimo, domestica la reacción impulsiva y abre paso a la ecuanimidad.
- Para la convivencia, baja la temperatura y habilita cooperación aun sin unanimidad.
Límites y modo
Tolerar no es tolerarlo todo. La injuria, la mentira o la violencia no caben en el marco de respeto. Lo que propone esta ética del trato es otra cosa: escuchar con atención, preguntar con honestidad, disentir con respeto y sostener lo valioso sin convertir al otro en caricatura.
¿Practicás la tolerancia?
Para pensar
Si te tocara encarar un tema difícil esta semana, ¿cómo cambiaría la conversación si primero reconstruyeras con justicia el mejor argumento del otro —y solo después ofrecieras el tuyo?
Kalós
Reflexionando sobre carácter, diálogo y vida cívica.
